Andrés de Urdaneta

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Monumento a Andrés de Urdaneta en Villafranca de Ordicia
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Monumento a Andrés de Urdaneta en Villafranca de Ordicia
Andrés de Urdaneta y Ceráin nació en Villafranca de Ordicia en 1508. Inicialmente estudió latín y filosofía, pero al quedar huérfano eligió el camino de las armas, batallando en Europa enrolado en los Tercios de Flandes. Varios años después amplió sus estudios en matemáticas y astronomía, aficionándose así a la náutica. Tal fue su interés por la navegación, que con sólo diecisiete años se alistó en la escuadra que en 1525 mandaba García Jofré de Loaysa y que incluía a Juan Sebastián Elcano rumbo a las Molucas.

Durante largos años luchó contra los portugueses en los archipiélagos del Océano Índico. Incluso llegó a recibir refuerzos de una nave enviada por Hernán Cortés desde Méjico, pero en 1529 hubo de capitular ante los lusos. Sus esfuerzos se tornaron en decepción al saber que Carlos I había cedido las islas Molucas a los portugueses en abril de 1528. Su viaje de regreso a España fue más penoso aún: los portugueses le apresaron y le arrebataron todos sus escritos y cartas de navegación. Pudo no obstante escapar hacia España y retener la información en su memoria.

En América participó en la expedición de Alvarado, combatió en Chile y Méjico y, posteriormente, renunció a su cargo de general de la Armada con destino a las islas del poniente para ingresar en un monasterio agustino en marzo de 1553. Sin embargo, por obediencia a Felipe II volvió al siglo tras una carta que le escribió el monarca:

««Devoto Padre Fr. Andrés de Urdaneta, de la orden de San Agustín: Yo he sido informado que vos, siendo seglar, fuisteis con la armada de Loaisa, y pasasteis el estrecho de Magallanes y a la Especiería, donde estuvisteis ocho años en nuestro servicio. Y porque ahora Nos habemos encargado a D. Luis de Velasco, nuestro virrey de esa Nueva España, que envíe dos navíos al descubrimiento de las islas de Poniente, hacia las Malucas, y les dé orden en lo que han de hacer conforme a la instrucción que se le ha dado, y según la mucha noticia que vos diz que tenéis de las cosas de aquella tierra, y entender, como entendéis, de la navegación de ellas, y ser buen cosmógrafo, sería de grande efecto que vos fuésedes en los dichos navíos, así por lo que toca a la dicha navegación como para el servicio de Dios Nuestro Señor. Yo vos ruego y encargo que vayáis en dichos navíos y hagáis lo que por el dicho nuestro virrey vos fuese ordenado, que demás del servicio que haréis a Nuestro Señor, seré yo muy servido, y mandaré tener cuenta con ello para que recibáis merced en lo que hubiere lugar. De Valladolid a 24 de setiembre de 1559 años. Yo el rey».


Urdaneta abandonó el convento y comenzó a preparar la travesía. Poco antes de partir escribió al rey una carta de despedida:

«Voy con muy gran confianza que Dios Nuestro Señor y Vuestra Majestad han de ser muy servidos en esta jornada con próspero suceso, donde se ha de dar principio de gran aumento de Nuestra Santa Fe Católica y para aumento del Estado Real de Vuestra Majestad».


Tres décadas después regresa a tierras filipinas con la expedición comandada por Miguel López de Legazpi. Partieron del puerto de Navidad el 21 de noviembre de 1564 y llegaron el 13 de febrero de 1565 a las Islas Filipinas. Pero también logró la proeza de cruzar el Pacífico desde el Oeste al Este, para abrir la navegación entre América y Asia. En la nave San Pedro, el 1 de junio de 1565, navegó hacia el Norte y alcanzó la corriente de Kuro-Shivo, que le condujo a California el 30 de octubre de ese mismo año tras numerosas penalidades. Regresó a España a informar al rey de sus logros, pese a los cuales renunció a riquezas y cargos para retornar a su monasterio mejicano, falleciendo en él el 13 de junio de 1568.

Pese a permanecer durante mucho tiempo en el olvido, en su localidad natal se erigió un monumento en su memoria en el año 1904. Recientemente, el 26 de abril de 2009, le fue erigido un monumento en la provincia de Pangasinan, en el norte de Filipinas, en el contexto de un parque, conmemorando así el 500 aniversario de su nacimiento. El monumento, elaborado por escultores filipinos, muestra al explorador vasco sujetando una cruz en la proa de un barco.


Bibliografía

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