Cristóbal Colón

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Cristóbal Colón por Sebastián Piombo
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Cristóbal Colón por Sebastián Piombo
Cristóbal Colón (1451-1506). Marino español, autor de la gesta del descubrimiento de América el 12 de Octubre de 1492, hoy conocido como Día de la Hispanidad, pese a que falleciera sin llegar a saber que realmente había llegado a un continente nuevo (siempre creyó que había llegado a Asia, y tras su tercer viaje cayó en el delirio de haber encontrado el paraíso terrenal).

Origen español

Su origen siempre fue considerado dudoso, y a raíz del cuarto centenario del descubrimiento de América, la necesidad de reinventar la Historia de las nacientes Naciones políticas europeas llevó al marino a convertirse en un verdadero cosmopolita: hubo quienes le convertían en español de las recientes provincias fundadas por Javier de Burgos (unos gallego, otros catalán, hasta alguno extremeño), hasta italiano por el presunto origen genovés que se le atribuyó, pasando incluso por ser un pirata corso llamado Columbus para algunos. Una parte importante de esta conversión italiana de Colón tiene su origen en el concepto de Latinoamérica, como oposición de un presunto mundo latino y subdesarrollado a un mundo anglosajón desarrollado, al tiempo que se buscaba también justificar la presencia de inmigración italiana en América. De hecho, a raíz del cuarto centenario del descubrimiento de América, el 12 de Octubre comenzó a ser celebrado como Día de Colón.

Sin embargo, otros autores defienden su origen español en base a la situación histórica del siglo XV. Ante todo, se le considera miembro de las Casas aragonesas de Sástago y Luna. La mayoría de las investigaciones, obnubiladas por su ideología nacionalista, no han tenido en cuenta que en el siglo XV la Corona de Aragón se extendía por el Principado de Cataluña y los Reinos de Aragón, Mallorca, Valencia, Sicilia, Córcega, Cerdeña y Nápoles. Así, Cristóbal Colón nace originalmente como Christoval Picolomini de Sena (cuyo nacimiento sitúa Marisa Azuara en 1436 en Cerdeña y no en el impreciso 1451 habitual), hijo de Salvador Picolomini de Sena e Isabella Alagón d’Arborea. No hay que olvidar que en el siglo XV, por influencia de la Corona de Aragón, los documentos oficiales en Cerdeña se escribían en español desde el decreto de Fernando I de Antequera, y que incluso en aquella época a ciertos sardos se les denominaba ginoveses, si su linaje procedía del Ginovesado (que incluía el Ducado de Ginebra, Piamonte y República de Génova, junto a los feudos de Quio, Córcega, Cerdeña, Sicilia y Nápoles), mientras que a otros se les catalogaba como catalanes, si procedían de la Corona de Aragón.

Pero, ante todo, Colón se refiere siempre a los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, como «mis señores naturales», lo que constituye una prueba más que suficiente de su origen español. Y también de su origen noble, dado su tratamiento de Don con el que le refieren en los Privilegios de Granada, reservado en la Edad Media a los reyes y familiares cercanos, así como su matrimonio con una noble portuguesa, que un vulgar marino jamás hubiera podido conseguir.

Proyecto de llegar a Asia

Cristóbal Colón en el Convento de La Rábida. Lienzo de Eduardo Cano de la Peña (1856)
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Cristóbal Colón en el Convento de La Rábida. Lienzo de Eduardo Cano de la Peña (1856)
Se sabe que, en condición de súbdito de los Reyes Católicos, Colón participó en la Guerra de Sucesión Castellana entre los partidarios de Isabel la Católica y Juana la Beltraneja, naufragando en las costas portuguesas en 1476. A partir de allí, y tras contraer matrimonio, comenzaría a concebir su proyecto de llegar a Asia viajando hacia el Oeste, alrededor del año 1481, en base a la esfericidad terrestre. Mencionada por primera vez por Anaximandro según comentaba Aristóteles en su tratado Del Cielo y corroborada por Eratóstenes en el siglo III a.c., en el siglo XV la concepción esférica del planeta Tierra fue inspiración para Pierre d´Ailly, quien escribió un Imago mundi donde no sólo confirmaba la esfericidad terrestre, sino la cercanía de Asia a Europa, en base a las afirmaciones de Tolomeo, Pomponio Mela, y en esa época Toscanelli, cuyo mapa situaba en el Atlántico islas como Cipango, Catai o Brasil (en realidad, la Isla Tercera perteneciente a las Azores, donde crecía el palo denominado brasil). El alemán Martín de Behaim, que había residido en Lisboa y con quien Colón había disertado en ocasiones, construyó una esfera basada en esos datos en el año 1492.

Los portugueses, que estaban buscando una ruta directa hacia Asia bordeando África, fueron los primeros que recibieron la propuesta de Colón de viajar hacia Asia a través del Atlántico, pero el rey Juan II la rechazó por considerarla absurda. Entonces fue cuando se decidió a ofrecer su proposición de viajar hacia Asia a «sus señores naturales». Sus relaciones con los frailes Antonio de Marchena y Juan Pérez, residentes en el Monasterio de la Rábida, quienes hablaron en favor de Colón con Hernando de Talavera, confesor de Isabel de Castilla, y con el tesorero Luis de Quintanilla, le permitieron exponer su proyecto a los Reyes Católicos en 1486. Sin embargo, la oscuridad y ambigüedad con la que expuso sus conocimientos sobre el viaje hicieron desconfiar a los expertos reclutados por los Reyes Católicos, quienes consideraron que los cálculos del marino eran inexactos y por lo tanto su proyecto de viaje inviable. Rechazado nuevamente su plan tras postergarse a causa del asedio a Málaga en 1487, volvió a ofrecerlo a Portugal, así como a Inglaterra y Francia, con nuevos resultados negativos. Vuelto de sus viajes, el Duque de Medina Sidonia le respaldó, además del Cardenal Mendoza y el duque de Medinacelli. Llamado por los Reyes Católicos a Córdoba en 1489, a quienes sirvió en el sitio de Baza, en 1491 un nuevo rechazo fue el resultado que el marino español encontró, a causa de sus elevadas pretensiones: se postulaba como soberano de las tierras que hallase en su camino.

Sin embargo, encontrándose los reyes en Santa Fe (Granada), en 1491, el rechazo inicial sufrido por Colón se rectificó gracias a la acción de su hijo, el prior Juán Pérez, que reunió al astrónomo Antonio de Marchena, García Hernández, médico del Puerto de Palos, al marino Pedro Fernández de Frontera y otros, que junto al favor recibido de Luis de Santángel y Diego de Deza, quienes ganaron para la causa al rey Fernando el Católico, ayudaron a que la reina le ofreciese tres carabelas. Tras un rechazo inicial de Colón, finalmente, se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe en presencia del escribano Luis de Santangel, donde Colón recibía la aprobación y el patrocinio de su viaje y los títulos para las tierras que ganase para la corona. Martín Alonso Pinzón puso unas carabelas mayores de su propiedad: la Pinta, la Niña y la Santa María, esta última capitaneada por Juan de la Cosa.

En el proyecto de Colón para viajar hacia Asia, aparte de sus consideraciones sobre la esfericidad terrestre, no cabe desdeñar la existencia de Alonso Sánchez de Huelva, el denominado prenauta, a quien presuntamente habría conocido Colón y que le habría hablado de tierras muy cercanas a Europa. Tales relatos serían escuchados por Colón durante su estancia en las islas portuguesas del Atlántico. Según se recoge en distintas versiones, se trataría de un marino, quizás portugués o castellano, que en estado moribundo le habría relatado cómo su embarcación fue arrastrada por las corrientes atlánticas desde el Golfo de Guinea hasta el Caribe. No es desdeñable tampoco que las historias sobre árboles, embarcaciones o incluso cuerpos de hombres y animales desconocidos que llegasen a través del Atlántico por las corrientes hasta las islas portuguesas, fueran verídicas e inspirasen a Colón y sus cálculos sobre la cercanía de tierra firme a través de la esfericidad de La Tierra de Eratóstenes y el mapa compuesto por Toscanelli.

Sin embargo, de tales viajes previos no cabe deducir que hubiera un conocimiento previo de América, ya que en las Capitulaciones de Santa Fe, al hablarse de las tierras «descubiertas», se hace referencia a Asia, el objetivo del viaje patrocinado por los Reyes de España, quienes otorgaron a Colón una serie de privilegios inéditos. De hecho, uno de los motivos por los que los Reyes Católicos organizaron el viaje no fue para alcanzar la ruta de las especias antes que los portugueses, sino como objetivo para seguir la lucha contra el Islam que ya había sido expulsado de España con la toma de Granada. Como señala John Elliott en La España imperial, el proyecto de los Reyes Católicos, una vez constatada la esfericidad de La Tierra, sería pillar a los turcos por la espalda, abriéndose así la posibilidad de evangelizar aquellas tierras, tanto en China como en Oriente Medio.

Viajes de Colón

Colón realizó en total cuatro viajes a América: el primero (1492-1493), le sirvió para llegar a la isla de Guanahani, bautizada como San Salvador, de donde se llevó consigo a varios indígenas para que los Reyes Católicos conocieran a los naturales del lugar. El segundo viaje (1493-1496) le llevó a Puerto Rico, ya con el objetivo de evangelizar unos territorios «concedidos» a España por la Bula Inter Caetera del Papa Alejandro VI. Convencido Colón de haber llegado a Asia, pensó haber arribado en sus dos primeros viajes a Cipango (Japón), por lo que siguió buscando el continente en su tercer viaje (1498-1500). Pese a llegar a la actual Venezuela y la desembocadura del Río Orinoco, cuyo caudal hacía presuponer que procedía de una gran masa continental, Colón no vio continente alguno sino, en sus propias palabras, el paraíso terrenal. Tuvo aún tiempo el marino español de realizar un cuarto viaje (1502-1504), en el que recorrió la costa de América Central y las Antillas mayores.

Pese a su ingenio como marino, como político demostró pocas dotes: tanto él como su hermano enfrentaron a los colonos españoles, y pese a haber ordenado la Reina Isabel que no fueran esclavizados, las relaciones con los indígenas fueron conflictivas y fueron sometidos a dominio de sus amos españoles, que los acabaron diezmando. Acusado de corrupción y de mal gobierno, Colón regresó a España tras su tercer viaje, siendo arrestado hasta el año 1502, y falleció finalmente en Valladolid en 1506. Sin embargo, pese a que Colón terminó sus días convencido de haber llegado a Asia o incluso en sus delirios de haber alcanzado el paraíso terrenal, ya entonces el florentino Américo Vespucio se había percatado en sus viajes que lo que había encontrado ante sí Colón no era la costa de Asia, sino un nuevo continente, que sería bautizado como «la tierra de Américo», América.

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