Cristóbal Colón

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Cristóbal Colón por Sebastián Piombo
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Cristóbal Colón por Sebastián Piombo
Cristóbal Colón (1436-1506). Marino español, autor de la gesta del descubrimiento de América el 12 de Octubre de 1492, hoy conocido como Día de la Hispanidad, pese a que falleciera sin llegar a saber que realmente había llegado a un continente nuevo (siempre creyó que había llegado a Asia, y tras su tercer viaje cayó en el delirio de haber encontrado el paraíso terrenal).
Tabla de contenidos

Origen español

Su origen siempre fue considerado dudoso, y a raíz del cuarto centenario del descubrimiento de América, la necesidad de reinventar la Historia de las nacientes Naciones políticas europeas llevó al marino a convertirse en un verdadero cosmopolita: hubo quienes le convertían en español de las recientes provincias fundadas por Javier de Burgos —unos gallego, como Celso García de la Riega en su libro Colón, español (1914), otros catalán, hasta alguno extremeño—, hasta italiano por el presunto origen genovés que se le atribuyó, pasando incluso por ser un pirata corso llamado Coullon o Columbus para algunos. Así, el historiador portugués Ruy de Pina y el español Alonso de Palencia relatan un combate naval que habría tenido lugar el 13 de agosto de 1476 en aguas del cabo San Vicente entre una armada pirata dirigida por el capitán o almirante francés Guillermo de Casenave-Coullon y otra de naves genovesas, que habría sido recogido por Bartolomé de Las Casas. En el año 1907, el investigador norteamericano Vignaud, junto al italiano Ugo Assoretto, publicaron en la American Historical Review, un estudio que fija la fecha de 1451 como la del nacimiento de Colón, entre el 25 de agosto y el 31 de octubre de tal año. Su tesis la fundan en un documento de escribano, hallado por Ugo Assoreto en 1904 en los archivos del notario Girolamo Ventimiglia. En el citado documento, fechado el 25 de agosto de 1479, aparece Cristoforo Colombo, ciudadano de Génova de unos 27 años de edad, que había sido enviado por Paolo di Negro a adquirir una partida de azúcar a la isla de Madeira. Una parte importante de esta conversión italiana de Colón tiene su origen en el concepto de Latinoamérica, como oposición de un presunto mundo latino y subdesarrollado a un mundo anglosajón desarrollado, al tiempo que se buscaba también justificar la presencia de inmigración italiana en América. De hecho, a raíz del cuarto centenario del descubrimiento de América, el 12 de Octubre comenzó a ser celebrado como Día de Colón.

Blasón nobiliario de Colón
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Blasón nobiliario de Colón
Sin embargo, otros autores defienden su origen español en base a la situación histórica del siglo XV. El más reciente estudio de Marisa Azuara clarifica aún más sus orígenes. Le considera miembro de las Casas aragonesas de Sástago y Luna. La mayoría de las investigaciones, obnubiladas por su ideología nacionalista, no han tenido en cuenta que en el siglo XV la Corona de Aragón se extendía por el Principado de Cataluña y los Reinos de Aragón, Mallorca, Valencia, Sicilia, Córcega, Cerdeña y Nápoles. Así, Cristóbal Colón nace originalmente como Christoval Picolomini de Sena (cuyo nacimiento sitúa Marisa Azuara en 1436 en Cerdeña y no en el impreciso 1451 habitual), hijo de Salvador Picolomini de Sena e Isabella Alagón d’Arborea (apellido que habría convertido en Colón, al igual que todos sus familiares directos, para poder optar a un Mayorazgo, debido a que uno de los Picolomini había manchado su linaje al traicionar a la corona aragonesa). No hay que olvidar que en el siglo XV, por influencia de la Corona de Aragón, los documentos oficiales en Cerdeña se escribían en español desde el decreto de Fernando I de Antequera, y que incluso en aquella época a ciertos sardos se les denominaba ginoveses, si su linaje procedía del Ginovesado (que incluía el Ducado de Ginebra, Piamonte y República de Génova, junto a los feudos de Quio, Córcega, Cerdeña, Sicilia y Nápoles), mientras que a otros se les catalogaba como catalanes, si procedían de la Corona de Aragón. Algo que encajaría con el origen que le otorga Francisco López de Gómara, quien pese a señalar que habría nacido en Génova, remonta los orígenes de su familia a la Lombardía:
Era Cristóbal Colón natural de Cugureo, o como algunos quieren, de Nervi, aldea de Génova, ciudad de Italia muy nombrada. Descendía, a lo que algunos dicen, de los Pelestreles de Placencia de Lombardía. (Francisco López de Gómara, Historia general de las Indias [1552], Capítulo XIV).


Pero, ante todo, Colón se refiere siempre a los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, como «mis señores naturales», lo que constituye una prueba más que suficiente de su origen español. Y también de su origen noble, dado su tratamiento de Don con el que le refieren en los Privilegios de Granada, reservado en la Edad Media a los reyes y familiares cercanos, así como su matrimonio con una noble portuguesa, Felipa Muñiz, que un vulgar marino jamás hubiera podido conseguir.

Porque, cristianíssimos y muy altos y muy excelentes y muy poderosos Príncipes, Rey e Reina de las Españas y de las islas de la mar, Nuestros Señores, este presente año de 1492, después de Vuestras Altezas aver dado fin a la guerra de los moros, que reinavan en Europa, y aver acabado la guerra en la muy grande ciudad de Granada, adonde este presente año, a dos días del mes de Enero, por fuerça de armas vide poner las vanderas reales de Vuestras Altezas en las torres de la Alfambra, que es la fortaleza de la dicha ciudad, y vide salir al rey moro a las puertas de la ciudad, y besar las reales manos de Vuestras Altezas y del Príncipe mi Señor, [...] (Cristóbal Colón, Diario del primer viaje)


[...]en el mismo mes de Enero, mandaron Vuestras Altezas a mí que con armada suffiçiente me fuese a las dichas partidas de India, y para ello me hizieron grandes mercedes y me anobleçieron, que dende en adelante yo me llamase Don y fuesse Almirante Mayor de la mar Occéana y Visorey e Governador perpetuo de todas las islas y tierra firme que yo descubriese y ganasse, y de aquí adelante se descubriesen y ganasen en la mar Occéano, y así sucediese mi hijo mayor, y él así de grado en grado para siempre jamás. (Cristóbal Colón, Diario del primer viaje)


Proyecto de llegar a Asia

Reconstrucción del mapa de Toscanelli publicada en 1867 en la revista geográfica El Extranjero, donde se aprecia la cercanía de Asia respecto a Europa y África
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Reconstrucción del mapa de Toscanelli publicada en 1867 en la revista geográfica El Extranjero, donde se aprecia la cercanía de Asia respecto a Europa y África

Se sabe que, en condición de súbdito de los Reyes Católicos, Colón participó en la Guerra de Sucesión Castellana entre los partidarios de Isabel la Católica y Juana la Beltraneja, naufragando en las costas portuguesas en 1476. A partir de allí, y tras contraer matrimonio, comenzaría a concebir su proyecto de llegar a Asia viajando hacia el Oeste, alrededor del año 1481, en base a la esfericidad terrestre. Mencionada por primera vez por Anaximandro según comentaba Aristóteles en su tratado Del Cielo y corroborada por Eratóstenes en el siglo III a.c., en el siglo XV la concepción esférica del planeta Tierra fue inspiración para Pierre d´Ailly, quien escribió un Imago mundi donde no sólo confirmaba la esfericidad terrestre, sino la cercanía de Asia a Europa, en base a las afirmaciones de Tolomeo, Pomponio Mela, y en esa época Toscanelli, cuyo mapa situaba en el Atlántico islas como Cipango, Catai o Brasil (en realidad, la Isla Tercera perteneciente a las Azores, donde crecía el palo denominado brasil). El alemán Martín de Behaim, que había residido en Lisboa y con quien Colón había disertado en ocasiones, construyó una esfera basada en esos datos en el año 1492.

Los portugueses, que estaban buscando una ruta directa hacia Asia bordeando África, fueron los primeros que recibieron la propuesta de Colón de viajar hacia Asia a través del Atlántico, pero el rey Juan II la rechazó por considerarla absurda. Entonces fue cuando se decidió a ofrecer su proposición de viajar hacia Asia a «sus señores naturales». Sus relaciones con los frailes Antonio de Marchena y Juan Pérez, residentes en el Monasterio de la Rábida, quienes hablaron en favor de Colón con Hernando de Talavera, confesor de Isabel de Castilla, y con el tesorero Luis de Quintanilla, le permitieron exponer su proyecto a los Reyes Católicos en 1486. Sin embargo, la oscuridad y ambigüedad con la que expuso sus conocimientos sobre el viaje hicieron desconfiar a los expertos reclutados por los Reyes Católicos, quienes consideraron que los cálculos del marino eran inexactos y por lo tanto su proyecto de viaje inviable. El rechazo seguramente se debió a la discordancia en las medidas utilizadas por cada uno de los expertos respecto a Colón: según Toscanelli, un grado de la esfera terrestre equivalía a 62,5 millas; para Colón, era de 56,3. Según los cálculos de este último, la masa continental de Europa y Asia se extendía con 283 grados de longitud. Teniendo en cuenta que la esfera terrestre equivale a 360 grados, la diferencia entre la extensión continental y la esfera en su totalidad era de tan sólo 78 grados, que multiplicados por las millas que Colón atribuía a cada grado terrestre, que alcanzaba las 4.000 millas. Siendo la milla medida por el marino español de alrededor de 1.500 metros, la distancia entre Europa y Asia a través de occidente, rondaba las 975 leguas.

Rechazado nuevamente su plan tras postergarse a causa del asedio a Málaga en 1487, volvió a ofrecerlo a Portugal, así como a Inglaterra y Francia, con nuevos resultados negativos. Vuelto de sus viajes, el Duque de Medina Sidonia le respaldó, además del Cardenal Mendoza y el duque de Medinacelli. Llamado por los Reyes Católicos a Córdoba en 1489, a quienes sirvió en el sitio de Baza, en 1491 un nuevo rechazo fue el resultado que el marino español encontró, a causa de sus elevadas pretensiones: se postulaba como soberano de las tierras que hallase en su camino.

Cristóbal Colón en el Convento de La Rábida. Lienzo de Eduardo Cano de la Peña (1856)
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Cristóbal Colón en el Convento de La Rábida. Lienzo de Eduardo Cano de la Peña (1856)
Sin embargo, encontrándose los reyes en Santa Fe (Granada), en 1491, el rechazo inicial sufrido por Colón se rectificó gracias a la acción de su hijo, el prior Juán Pérez, que reunió al astrónomo Antonio de Marchena, García Hernández, médico del Puerto de Palos, al marino Pedro Fernández de Frontera y otros, que junto al favor recibido de Luis de Santángel y Diego de Deza, quienes ganaron para la causa al rey Fernando el Católico, ayudaron a que la reina le ofreciese tres carabelas. Tras un rechazo inicial de Colón, finalmente, se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe en presencia del escribano Luis de Santangel, donde Colón recibía la aprobación y el patrocinio de su viaje y los títulos para las tierras que ganase para la corona. Martín Alonso Pinzón puso unas carabelas mayores de su propiedad: la Pinta, la Niña y la Santa María, esta última capitaneada por Juan de la Cosa.

En el proyecto de Colón para viajar hacia Asia, aparte de sus consideraciones sobre la esfericidad terrestre, no cabe desdeñar la existencia de Alonso Sánchez de Huelva, el denominado prenauta, a quien presuntamente habría conocido Colón y que le habría hablado de tierras muy cercanas a Europa. Tales relatos serían escuchados por Colón durante su estancia en las islas portuguesas del Atlántico. Según se recoge en distintas versiones, se trataría de un marino, quizás portugués o castellano, que en estado moribundo le habría relatado cómo su embarcación fue arrastrada por las corrientes atlánticas desde el Golfo de Guinea hasta el Caribe. No es desdeñable tampoco que las historias sobre árboles, embarcaciones o incluso cuerpos de hombres y animales desconocidos que llegasen a través del Atlántico por las corrientes hasta las islas portuguesas, fueran verídicas e inspirasen a Colón y sus cálculos sobre la cercanía de tierra firme a través de la esfericidad de La Tierra de Eratóstenes y el mapa compuesto por Toscanelli.

Sin embargo, de tales viajes previos no cabe deducir que hubiera un conocimiento previo de América, ya que en las Capitulaciones de Santa Fe, al hablarse de las tierras «descubiertas», se hace referencia a Asia, el objetivo del viaje patrocinado por los Reyes de España, quienes otorgaron a Colón una serie de privilegios inéditos. De hecho, uno de los motivos por los que los Reyes Católicos organizaron el viaje no fue para alcanzar la ruta de las especias antes que los portugueses, sino como objetivo para seguir la lucha contra el Islam que ya había sido expulsado de España con la toma de Granada. Como señala John Elliott en La España imperial, el proyecto de los Reyes Católicos, una vez constatada la esfericidad de La Tierra, sería pillar a los turcos por la espalda, abriéndose así la posibilidad de evangelizar aquellas tierras, tanto en China como en Oriente Medio.

Los motivos por los que Fernando e Isabel cambiaron de opinión en 1491 no están aún demasiado claros. Colón tenía amigos entre los altos cargos. Entre ellos se incluían el secretario de Fernando, Luis de Santángel, que ayudó a conseguir la financiación de la empresa, y el franciscano Juan Pérez, antiguo confesor de la reina, cuyo monasterio de la Rábida dio cobijo al explorador cuando solicitó por vez primera el favor de la corte. Pero es también probable que la proximidad de la victoria en la guerra de Granada contribuyese a inclinar a los monarcas a considerar con mayor benevolencia algunas de las pretendidas ventajas que habían de derivarse del proyecto. Si el viaje de Colón tenía éxito, significaría una ventaja sobre los portugueses y podría seguramente aportar riquezas a un tesoro exhausto. Por encima de todo --por lo menos en lo que hacía referencia a Isabel-- el proyecto podía resultar de crucial importancia en la cruzada contra el Islam. Si el viaje tenía éxito pondría a España en contacto con los países de Oriente, cuya ayuda era necesaria en la lucha contra el Turco. Podía también, con un poco de suerte, hacer volver a Colón por la ruta de Jerusalén y abrir así un camino para atacar al Imperio Otomano por la retaguardia. Isabel se sentía naturalmente atraída también por la posibilidad de poner los cimientos de una gran misión cristiana en Oriente. En el clima de intensa exaltación religiosa que caracterizó los últimos meses de la campaña de Granada, incluso la realización de los proyectos más descabellados parecía posible. La estrecha coincidencia entre la caída de Granada y la autorización de la expedición colombina puede hacer pensar que la última fuese a la vez una acción de gracias y un acto de renovada dedicación de Castilla a la tarea, aún incompleta, de la guerra contra los infieles(John H. Elliott, La España imperial (1469-1716). Edición de Vicens Vives, Barcelona 1965, página 58).


Porque, cristianíssimos y muy altos y muy excelentes y muy poderosos Príncipes, Rey e Reina de las Españas y de las islas de la mar, Nuestros Señores, este presente año de 1492, después de Vuestras Altezas aver dado fin a la guerra de los moros, que reinavan en Europa, y aver acabado la guerra en la muy grande ciudad de Granada, adonde este presente año, a dos días del mes de Enero, por fuera de armas vide poner las vanderas reales de Vuestras Altezas en las torres de la Alfambra, que es la fortaleza de la dicha ciudad, y vide salir al rey moro a las puertas de la ciudad, y besar las reales manos de Vuestras Altezas y del Príncipe mi Señor, y luego en aquel presente mes, por la información que yo avía dado a Vuestras Altezas de las tierras de India y de un Príncipe que es llamado Gran Can (que quiere dezir en nuestro romance Rey de los Reyes), como muchas vezes él y sus anteçessores avían enbiado a Roma a pedir doctores en nuestra sancta fe porque le enseñasen en ella, y que nunca el Sancto Padre le avía proveído y se perdían tantos pueblos, cayendo en idolatrías e resçibiendo en sí sectas de perdiçión; y Vuestras Altezas, como cathólicos cristianos y prínçipes amadores de la sancta fe cristiana y acreçentadores d'ella y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatrías y heregías, pensaron de enbiarme a mí, Cristóval Colón, a las dichas partidas de India para ver los dichos prínçipes y los pueblos y las tierras y la disposiçión d'ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión d'ellas a nuestra sancta fe, y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se costumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta oy no sabemos por cierta fe que aya passado nadie; [...] (Cristóbal Colón, Diario del primer viaje).


Conseguidos los medios para el viaje, Colón fletó tres naves: la Santa María (llamada la Capitana por Colón), propiedad de Juan de la Cosa y habitual en el comercio del sur atlántico, la Pinta, propiedad de Juan y Cristóbal Quintero, vecinos de Palos, a quienes se les embarga por mandato real, y la Niña, propiedad del marino Juan Niño. Con estas tres naves partirá del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492.

Viajes de Colón

Primer viaje

Colón realizó en total cuatro viajes a América: el primero (1492-1493), le sirvió para llegar a la isla de Guanahani, bautizada como San Salvador, el 12 de Octubre de 1492. Tras varios días navegando alrededor de la isla descubierta, el 28 de octubre las tres naves arriban a la isla de Cuba (que sin embargo pensó que era la costa de Asia, hasta que Sebastián de Ocampo, siguiendo las órdenes de Ovando, reconoció su costa en 1508). En diciembre alcanzó la isla que los indígenas llamaban Haiti, y que después bautizaría como La Española. También reconoció la denominada isla Tortuga. El 4 de enero de 1493, tras el naufragio de la Santa María en Punta Santa y haber construido el denominado Fuerte de Navidad en la costa de La Española, partió de regreso a España en la Niña, acompañada de la Pinta que capitaneaba Martín Alonso Pinzón. De este primer viaje se llevará consigo de vuelta a España a varios indígenas para que los Reyes Católicos conocieran a los naturales del lugar.

Armó Cristóbal Colón tres carabelas en Palos de Moguer a costa de los Católicos Reyes, por virtud de las provisiones que

para ello llevaba. Metió en ellas ciento veinte hombres, entre marineros y soldados. De la una hizo piloto a Martín Alonso Pinzón; de otra, a Francisco Martín Pinzón, con su hermano Vicente Yáñez Pinzón; y él fue por capitán y piloto de la flota en la mayor y mejor, y metió consigo a su hermano Bartolomé Colón, que también era diestro marinero. Partió de allí viernes 3 de agosto; pasó por la Gomera, una isla de las Canarias, donde tomó refresco. Desde allí, siguió la derrota que tenía por memoria, y a cabo de muchos días topó tanta yerba, que parecía prado, y que le puso gran temor, aunque no fue de peligro; y dicen que se volviera, sino por unos celajes que vio muy lejos, teniéndolos por certísima señal de haber tierra cerca de allí. Prosiguió su camino, y luego vio lumbre un marinero de Lepe y un Salcedo. A otro día siguiente, que fue 11 de octubre del año de 1492, dijo Rodrigo de Triana: "Tierra, tierra", a cuya tan dulce palabra acudieron todos a ver si decía verdad; y como la vieron, comenzaron el Te Deum laudamus, hincados de rodillas y llorando de placer. Hicieron señal a los otros compañeros para que se alegrasen y diesen gracias a Dios, que les había mostrado lo que tanto deseaban. Allí viérades los extremos de regocijo que suelen hacer marineros: unos besaban las manos a Colón, otros se le ofrecían por criados, y otros le pedían mercedes. La tierra que primero vieron fue Guanahaní, una de las islas Lucayos, que caen entre la Florida y Cuba, en la cual se tomó luego tierra, y la posesión de las Indias y Nuevo-Mundo, que Colón descubría por los Reyes de Castilla. (Francisco López de Gómara, Historia general de las Indias [1552], Capítulo XVI, «El descubrimiento de las Indias, que hizo Cristóbal Colón»)


Portada del folleto florentino de 1493, titulado La lettera delli isole che ha trovato nuovamente il Re d´ispagna, donde se representa a Fernando el Católico frente a sus nuevos súbditos
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Portada del folleto florentino de 1493, titulado La lettera delli isole che ha trovato nuovamente il Re d´ispagna, donde se representa a Fernando el Católico frente a sus nuevos súbditos
Tras este primer viaje, no tardaron en propagarse noticias del descubrimiento de nuevas islas en el Atlántico, ligadas al continente asiático. Así, el 29 de abril de 1493 se publica en Roma un folleto titulado De insulis Indie supra Gangem nuper inventis, atribuido a un tal Aliander de Cosco, donde se supone que Colón ha hallado nuevos fragmentos de tierra cerca de la India. Otro libro, publicado en 1493 en Florencia y titulado La lettera delli isole che ha trovato nuovamente il Re d´ispagna (La carta de las islas que ha encontrado nuevamente el Rey de España), insiste en la misma versión.

Segundo viaje

El segundo viaje (1493-1496) se realizó ya con el objetivo de evangelizar unos territorios «concedidos» a España por la Bula Inter Caetera del Papa Alejandro VI. Partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493 comandando la segunda Niña, la Cordera y la San Juan, llegando a las Antillas el 3 de noviembre, reconociendo y nombrando varias islas, tales como la Dominica, Guadalupe, Montserrat y Puerto Rico, volviendo a buscar a los marineros que se habían quedado en el Fuerte Navidad de La Española, que había sido arrasado por los indígenas. Como Virrey de los nuevos territorios, designó un Consejo de Regencia en el que se encontraban personas como su hermano Diego Colón y Pedro de Margarit. Tuvo Colón su primer encontronazo serio con los indígenas del lugar, teniendo que presentarles batalla el 29 de marzo de 1495, dirigida por Alonso de Ojeda y Bartolomé Colón. En la contienda se hicieron prisioneros muchos indios, que Colón y los suyos pretendieron vender como esclavos en Sevilla, pero la reina Isabel decretó su instantánea manumisión, aunque a partir de entonces se decretó que los indios bravos podían ser esclavizados en guerra justa.

Para evitar sucesos como aquellos, a partir de entonces la corona decretó que los descontentos volviesen a Castilla, y que todo indio desde la edad de catorce años había de entregar cada tres meses en la Contaduría de la Isabela el hueco de un cascabel flamenco lleno de oro, y en mayor proporción los caciques indios padres de mucha familia, como muestra de vasallaje directo a los Reyes de España. Los indios pacificados serían «repartidos» entre los españoles que abandonasen las armas y se dedicasen a labrar la tierra. También se decretaba que los castellanos podían pasar libremente a las Indias, siempre que cedieran a la Corona la oncena parte de sus ganancias.

Para garantizar el cumplimiento de la normativa, en octubre de 1495 llega a La Española Juan de Aguado, comisionado por los reyes para vigilar a los colonos asentados. Colón, sintiendo que perdía el favor real, partió de la Isabela el 10 de marzo de 1496 a bordo de la segunda Niña, en dirección a España, llegando el 11 de junio a Cádiz. Fue recibido por los Reyes Católicos, quienes le exhibieron del pago de la octava parte del gasto de las armadas y de las expensas de la colonización de las tierras, pese a que así figuraba en las Capitulaciones de Santa Fe, señalando que todos los hallazgos hasta el momento habían tenido poca utilidad. Le ofrecieron título y estado de duque a Colón, quien rechazó el honor, pensando que al aceptar el título renunciaría así al de Almirante que le habían otorgado y que le otorgaría beneficios en el comercio con Indias, que inmediatamente pasaría a la Corona. Por último, se firmó un convenio que renovaba el ya existente desde 1492 y le otorgaba la octava parte del comercio con Indias y un feudo agrícola en la Española de cincuenta leguas por veinte y facultad de legislar el mayorazgo de sus posesiones y títulos en la línea descendiente, todo con arreglo a la legislación de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio.

Tercer viaje

Los cuatro viajes de Colón a América
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Los cuatro viajes de Colón a América

Convencido Colón de haber llegado a Asia, pensó haber arribado en sus dos primeros viajes a Cipango (Japón), por lo que siguió buscando el continente en su tercer viaje (1498-1500). Con el permiso de la corona, partió de Sanlúcar de Barrameda el 30 de mayo de 1498 con seis naves, adelantando a tres de ellas rumbo a la Española en cuanto llegó a las Canarias el 19 de junio. Por su parte, Colón navegó al frente de una nao y dos carabelas rumbo a territorios australes, para atravesar la línea equinoccial y después rumpo a Poniente, lo que le llevará a descubrir tierra firme por primera vez, el continente americano austral, avistado por el marinero Alonso Pérez el 31 de julio de 1498. Pese a llegar a la actual Venezuela (a la que bautiza como tierra de Gracia) y la desembocadura del Río Orinoco, cuyo caudal hacía presuponer que procedía de una gran masa continental, Colón afirmó no ver continente alguno sino, en sus propias palabras, el paraíso terrenal.

A su vuelta a la Española, las disputas entre indígenas que se negaban a trabajar para los españoles, y la rebelión de colonos junto a las desavenencias de Colón con sus hermanos Diego y Bartolomé, fueron causando gran desgobierno en la isla, al que el Almirante hubo de ceder, concediendo a los rebeldes el dominio de Santo Domingo y el poder llevar esclavos a España. Al volver a llegar a oídos de la reina Isabel que los naturales de Indias eran vendidos como esclavos, ordenó el 20 de junio de 1499 que todos los que hubieran sido llevados a España en esa condición fueran inmediatamente devueltos a Indias. Previamente, en marzo, había sido nombrado comendador de Calatrava Francisco de Bobadilla, para averiguar sobre los sucesos en la Española y hacerse con el control de la isla, del que sería apartado Colón y sus hermanos rebeldes Diego y Bartolomé a su llegada el 23 de agosto de 1500. El Almirante sería enviado directamente a España como prisionero, llegando el 23 de noviembre de 1500.

Cuarto viaje

Pese a haber caído en desgracia por el desgobierno de La Española, Colón gozó aún del favor de los Reyes Católicos y le permitieron salir de prisión y llevar una vida acomodada. Incluso confirmaron sus privilegios en septiembre de 1501 y en el 14 de marzo de 1502 los hacen extensivos a sus herederos, aunque Colón renunciaría al gobierno de la Española (que recaería en Nicolás de Ovando). De esta manera, volvieron a confiar en él para realizar un cuarto viaje (1502-1504), partiendo desde Cádiz con cuatro naves pequeñas, la Capitana, la Santiago, la Gallega y la Vizcaína, el 9 de mayo de 1502. El 15 de junio llegó supuestamente a la Martinica, recorriendo las Antillas mayores, tales como Jamaica, y la costa de América Central; el 27 de julio atracan en la isla de Guanaja, cerca de la costa del actual Honduras y llegará hasta la Costa de los Mosquitos, cerca de donde atracará a finales del año 1502. Habiendo llegado hasta el istmo de Panamá, en 1503 retorna en dirección a La Española, arribando en primer lugar en Jamaica el 23 de junio de 1503. Tras quedar varadas la Santiago y la Capitana, hubieron de trasladarse en un bote a la Isla de Navasa, entre Jamaica y la Española, para acabar llegando a esta última, pero ya en el año 1504, cuando Nicolás de Ovando lo autoriza y puede Colón arribar a la isla en junio de 1504, enfermo de gota desde hacía tiempo. Finalmente, partirá desde La Española en dirección a Europa el 12 de septiembre de 1504, llegando a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de ese mismo año.

Fallecimiento

Firma de Cristóbal Colón en su testamento
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Firma de Cristóbal Colón en su testamento

A su vuelta a España en 1504, hubo de permanecer convaleciente de su enfermedad de gota en Sevilla hasta mayo de 1505, momento en el que fue a visitar a Fernando el Católico en Segovia, quien confirmó los sucesivos privilegios reales otorgados a Colón y sus descendientes sobre las Indias, aunque señalando que se mantendrían sólo en tanto no colisionasen con los interes de la Corona. Además, añade que tales privilegios concedidos por la Corona siempre serían revocables. Incluso a la llegada de los nuevos reyes, Doña Juana y Don Felipe el Hermoso, el 28 de abril de 1506, Colón les remite una carta por manos de su hermano Bartolomé poniéndose a su servicio. Sin embargo, la mala salud del almirante es ya irreversible y tras dejar testamento el 19 de mayo fallece finalmente en Valladolid el 20 de mayo de 1506.

Tras esta pelea se vino Cristóbal Colón a España, porque no le achacasen algo, como las otras veces, y a dar razón de lo que

de nuevo había descubierto. Y como no halló estrecho, llegó a Valladolid, y allí murió por mayo de 1506. Llevaron su cuerpo a depositar a las Cuevas de Sevilla, monasterio de cartujos. Era hombre de buena estatura y membrudo, cariluengo, bermejoso, pecoso y enojadizo, y crudo, y que sufría mucho los trabajos. Fue cuatro veces a las Indias, y volvió otras tantas; descubrió mucha costa de Tierra-Firme; conquistó y pobló buena parte de la isla Española, que comúnmente dicen Santo Domingo. Halló las Indias, aunque a costa de los Reyes Católicos; gastó muchos años en buscar con qué ir allá. Aventuróse a navegar en mares y tierras que no sabía, por dicho de un piloto, y si fue de su cabeza, como algunos quieren, merece mucha más loa. Como quiera que a ello se movió, hizo cosa de grandísima gloria; y tal, que nunca se olvidará su nombre, ni España le dejará de dar siempre las gracias y alabanza que mereció, y los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, en cuya aventura, nombre y costa hizo el descubrimiento, le dieron título y oficio de almirante perpetuo de las Indias, y la renta que convenía a tal estado y tal servicio como hecho les había y a la honra que ganó. Tuvo Cristóbal Colón sus ciertas adversidades entre tan buena dicha, ca fue dos veces preso, y la una con grillos. Fue malquisto de sus soldados y marineros; y así se le amotinaron Roldán Jiménez y los Porras, y Martín Alonso Pinzón en el primer viaje que hizo; peleó con españoles sus propios soldados, y mató algunos en la batalla que hubo con Francisco y Diego de Porras. Trajo pleito con el fiscal del rey sobre que si no fuera por los tres hermanos Pinzón se tornara del camino sin ver tierra de Indias. Dejó dos hijos, don Diego Colón, que casó con doña María de Toledo, hija de don Fernando de Toledo, comendador mayor de León, y don Fernando Colón, que vivió soltero y que dejó una librería de doce o trece mil libros, la cual ahora tienen los frailes dominicos de San Pablo de Sevilla; que fue cosa de hijo de tal padre.(Francisco López de Gómara, Historia general de las Indias [1552], Capítulo XXV, «La muerte de Cristóbal Colón»)


Pese a que Colón terminó sus días convencido de haber llegado a Asia o incluso en sus delirios de haber alcanzado el paraíso terrenal, ya entonces el florentino Américo Vespucio se había percatado en sus viajes que lo que había encontrado ante sí Colón no era la costa de Asia, sino un nuevo continente, que sería bautizado como «la tierra de Américo», América.

Bibliografía

  • Cristóbal Colón, Diario de Viaje.
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