
El triunfo de la democracia en España
De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.
Continuación de La destrucción de la democracia en España, en tanto que se supone el franquismo como una mera etapa de oscuridad entre la democracia destruida por el alzamiento de 1936 y su recuperación a partir de la muerte de Franco en 1975. Considerado un mero paréntesis, lo analiza con demasiado trazo grueso (distingue una etapa de 1939 a 1969, en que don Juan Carlos de Borbón es nombrado sucesor a título de rey y otra hasta la Transición en la que se producirían los movimientos), señala que la democracia coronada de 1978 es la continuación de la legalidad republicana, en una clara ruptura con el franquismo. Para Preston, los únicos restos del franquismo serían los opuestos a la democracia (el famoso búnquer) y los militares golpistas del 23 F.
| El rey ya no necesita una legitimidad franquista de la que tan fácilmente se burlaba el mismo Franco. La monarquía de Juan Carlos I ha conseguido superar su pecado original: el haber sido concebida por el general Franco con el propósito de dar continuidad a los principios fundamentales del Movimiento. Un estigina que en teoría podría haber impedido que la monarquía fuera aceptable para los demócratas españoles, fue borrado por el papel que desempeñó el rey en la transición a la democracia y en especial durante las crisis golpistas entre 1977 v 1982 y sobre todo durante el golpe de Tejero del 23 de febrero de 1981. En otras palabras, la monarquía borbónica superó una prueba de utilidad nacional precisamente por haber contribuido a impedir varios intentos de volver al franquismo. Esto, junto a un cuarto de siglo durante el cual ha ejercido la jefatura del Estado con dignidad y neutralidad, sirve de uno de los pilares de la estabilidad y durabilidad de la monarquía democrática (pág. 16) |
Sin embargo, tal visión de la Historia de España supone ignorar que precisamente en España hay rey por el nombramiento que Franco hizo de Don Juan Carlos I como sucesor suyo, y que la transición se hizo «de la ley a la ley», es decir, por evolución del propio régimen franquista sin ruptura alguna, como afirma Stanley G. Payne en su obra El régimen de Franco. 1936-1975. Precisamente, la visión de Preston toma unos tintes claramente partidistas al considerar que la democracia en España sólo se consolida cuando el PSOE gana las elecciones de 1982:
| Bajo la figura inmensamente discreta y llena de autoridad del nuevo ministro de Defensa, Narcís Serra, el PSOE inició un programa de modernización, reorganización, profesionalización y despolitización militar, capaz de erradicar definitivamente la mentalidad golpista y tercermundista de algunos sectores de las Fuerzas Armadas. [...] Luego, en contra de las expectativas de casi todos, Adolfo Suárez hizo lo imposible, al dirigir la transición legal desde la «legalidad» franquista a la democracia. A renglón seguido, y con un gran espíritu de sacrificio y cooperación, todos los partidos democráticos trabajaron juntos para crear el marco de la Constitución y las estructuras de las autonomías regionales. Los temibles obstáculos de la nostalgia de los militares reaccionarios y los planes sangrientos de los adolescentes ultranacionalistas se interpusieron en el camino de la consolidación de la democracia. Ahora bien, en las elecciones del 28 de octubre de 1982, prevaleció la voluntad popular. La transición concluyó. El cambio real pudo comenzar (págs. 351-353) |
