
En defensa de España. Razones para el patriotismo español
De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.
Este libro consiste en un argumentario para la defensa de la Nación Española, ofreciendo una serie de argumentos para quienes, por el mero hecho de ser españoles, ya se posicionan en su defensa ante quienes son indiferentes o incluso partidarios del secesionismo y fragmentación de España. Argumentos que atacan a los que han asimilado la Leyenda Negra antiespañola y piensan que España ha de terminar disolviéndose en una metafísica «Europa de los Pueblos», como a quienes amenazan verbal y constantemente a España, buscando desde el nacionalismo la formación de naciones segregadas de España. En defensa de España busca ser un libro de cabecera para entender qué es España y por qué motivos hay que defenderla frente a quienes la amenazan y a quienes, tanto por omisión como por comisión, la ponen en peligro de disolución.
| Sobre todo desde el siglo XIX, principalmente de la mano de los viajeros ingleses, franceses o alemanes que recorrían la España que derrotó a Napoleón en la guerra de Independencia, éstos llegaron a caracterizar a la sociedad española como «africana» (lo que significaba, sobre todo, que España era una sociedad que se mantenía ajena al «Progreso» –industrial, tecnológico...–, a la «Razón», a la «Ciencia»... se supone cultivadas en el resto de Europa, pero no en España). El famoso «África empieza en los Pirineos», de Alejandro Dumas, fue un lema afrentoso, dirigido a España, precisamente para poner de manifiesto el supuesto «atraso» sufrido por la sociedad española (sobre todo en razón, según dijimos, de su identidad católica –hay que tener en cuenta que buena parte de tales viajeros eran protestantes–). Es decir, la caracterización de España como sociedad africana no es neutra (geológico-geográfica), sino valorativa: España es, para los viajeros ilustrados y románticos europeos, una sociedad bárbara, poco cultivada, pasional (Carmen es el canon, que alguno de estos viajeros, por otra parte, no van a dejar de ver con simpatía, bien que asumiendo el canon), desordenada, amorfa en fin» (págs. 100-101). |
El libro se estructura en tres partes diferenciadas: la primera se centra en los asuntos «Sobre la existencia de España», donde se realiza un recorrido histórico por las distintas realidades históricas que aportan testimonio sobre la existencia histórica y en el presente de la Nación española. La segunda versa «Sobre la esencia de España», donde se analizan las distintas identidades de España a lo largo de su Historia, tanto desde su inicial proyecto imperialista de lucha contra el Islam en la Edad Media, época en la que los famosos «cinco reinos» combatían unidos solidariamente por la Corona de Castilla y sus reyes emperadores, posteriormente convertido en Imperio universal con el descubrimiento de América en 1492 y ya con la Constitución de 1812 en nación política.
El argumentario comienza con la definición de conceptos básicos como la propia España, la cultura española —difundida distributivamente entre miles de culturas regionales de Europa, América, África y Asia— o la lengua española, hablada por 400 millones de personas en todo el mundo con especial énfasis en Estados Unidos, segundo país hispanohablante del planeta. Pero también aclara y refuta conceptos oscuros y confusos de nuestro presente, como el denominado «patriotismo constitucional», que supone que España nace en 1978, seudoconceptos como «nación de naciones» (de entidad equivalente al absurdo «círculo de círculos»), «nacionalidad histórica» (usado para atribuirle Historia a Cataluña o al País Vasco y negársela a España) y otros muchos embrollos «semánticos» en los que se apoya el secesionismo para sus planes de segregación de España.
El libro también define la Nación como un proyecto histórico que incluye no sólo al Pueblo que vive en ella, sino también a los muertos y a los futuros ciudadanos, por lo que la existencia de toda Nación, en nuestro caso particular de la Nación Española, no es sólo una voluntad coyuntural y personal que pueda manifestarse en las urnas o mediante otra forma, sino algo que constituye a los ciudadanos que la integran, lo quieran o no, al estar incluidos en su proyecto histórico. Ya desde su origen como nación histórica, como conjunto de personas que han mantenido siglos de convivencia común en un mismo territorio y compartiendo una cultura y lengua comunes, todo integrado en un Estado. España como nación política no podía surgir de la nada en 1812, por puro decreto, sin una nación previa, una «nación histórica» como conjunto de personas que comparten unas costumbres e historia comunes, que pese a no ser política sin embargo estaba integrada en una sociedad política, en los reinos unificados bajo la Corona de España:
| Por último, la tercera especie dentro de este género de acepciones étnicas que llamamos «nación histórica» tiene especial interés por cuanto se confunde normalmente (no tanto interesadamente) con el género de las acepciones políticas de nación. Francia, España, Inglaterra, Alemania, Italia, al margen de su unidad e identidad políticas, eran consideradas como naciones, en sentido histórico, desde el siglo XV, lo que quiere decir que han tenido capacidad para envolver a otras naciones (integradas) y convertirlas en partes suyas.
Ahora bien, la «nación histórica» no es todavía política, puesto que en ella la soberanía no reside en la nación, sino en el Monarca (o Príncipe), autoridad que detenta el poder político y que, a través de sus empresas, en las que se integran las distintas partes de la nación, se consolida un proceso de homogeneización cultural (lengua, costumbres, religión, &c.) que permite distinguir a esa nación envolvente de otras de rango semejante. Se dirá «nación histórica» porque, aunque en ella no resida el poder político, sí se mueve en una perspectiva ya política, a diferencia de la perspectiva puramente «antropológica» de las dos primeras especies «periférica» e «integrada». (pág. 113). |
Una vez supuesta la existencia de la Nación Española, constituye un delito de lesa patria el colaborar con la desobediencia que canalizan los partidos secesionistas, la principal amenaza interna tácita a la existencia de la Nación Española. Amenazas que son ejemplificadas en las argumentaciones razonadas y en los documentos que las acompañan, como el Pacto del Tinell, conjura en la que se forma la coalición de «todos contra el PP» para que nunca más vuelva a gobernar el Partido Popular en España, o entrevistas realizadas en los medios de comunicación a los políticos secesionistas, caso de los ya conocidos José Luis Carod Rovira, Pascual Maragall o Juan José Ibarreche, donde se aprecian claramente las amenazas lanzadas por estos enemigos de la Nación Española.
En suma, el libro no sólo argumenta en defensa de España, sino que proporciona a quienes tienen la certeza pero les faltan las razones, argumentos para la defensa dialéctica de la Nación Española frente a quienes, en la vida diaria, la amenazan o, por mera ignorancia, la ponen en peligro.
| No cabe, en todo caso, confundir (reducir) soberanía nacional y soberanía popular (concepto de origen rousseauniano y de estirpe plebiscitaria -de plebe-, contractualista), como en cierto modo hace la Constitución de 1978, del mismo modo que no cabe reducir la Nación al Pueblo. En efecto «Pueblo» designa, ante todo, a una muchedumbre viva que, en el presente, es concebida como capaz de expresar su voluntad política («voluntad general») mediante el sufragio; pero la «Nación» no sólo designa al Pueblo que vive en ella, sino también a los muertos que la constituyeron y mantuvieron, y a los hijos que todavía no han empezado a vivir (o incluso los que ya han nacido pero aún no tienen derecho a voto), pero que ya están, sin embargo, contemplados en los planes presentes dirigidos al mantenimiento futuro de la Nación.
Por eso, el pueblo no puede decidir, y menos aún una parte suya, sobre la Nación española, aunque sí puede, si las divergencias entre sus componentes son muy fuertes, hacer inviable la recurrencia de la Nación, lo que implicaría a su vez la dispersión de la propia muchedumbre popular, y con ello su ruina. (página 148) |
Enlaces externos
- En defensa de España. Razones para el patriotismo español (http://www.nacionespanola.org/esp.php?articulo1788)
