En defensa de España. Razones para el patriotismo español

De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.

 y , En defensa de España. Razones para el patriotismo español. Ediciones Encuentro-, Madrid 2008
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Santiago Abascal Conde y Gustavo Bueno Sánchez, En defensa de España. Razones para el patriotismo español. Ediciones Encuentro-Fundación DENAES, Madrid 2008

Este libro consiste en un argumentario para la defensa de la Nación Española, ofreciendo una serie de argumentos para quienes, por el mero hecho de ser españoles, ya se posicionan en su defensa ante quienes son indiferentes o incluso partidarios del secesionismo y fragmentación de España. Argumentos que atacan a los que han asimilado la Leyenda Negra antiespañola y piensan que España ha de terminar disolviéndose en una metafísica «Europa de los Pueblos», como a quienes amenazan verbal y constantemente a España, buscando desde el nacionalismo la formación de naciones segregadas de España. En defensa de España busca ser un libro de cabecera para entender qué es España y por qué motivos hay que defenderla frente a quienes la amenazan y a quienes, tanto por omisión como por comisión, la ponen en peligro de disolución.

El argumentario comienza con la definición de conceptos básicos como la propia España, la cultura española —difundida distributivamente entre miles de culturas regionales de Europa, América, África y Asia— o la lengua española, hablada por 400 millones de personas en todo el mundo con especial énfasis en Estados Unidos, segundo país hispanohablante del planeta. Pero también aclara y refuta conceptos oscuros y confusos de nuestro presente, como el denominado «patriotismo constitucional», que supone que España nace en 1978, seudoconceptos como «nación de naciones» (de entidad equivalente al absurdo «círculo de círculos»), «nacionalidad histórica» (usado para atribuirle Historia a Cataluña o al País Vasco y negársela a España) y otros muchos embrollos «semánticos» en los que se apoya el secesionismo para sus planes de segregación de España.

El libro también define la Nación como un proyecto histórico que incluye no sólo al Pueblo que vive en ella, sino también a los muertos y a los futuros ciudadanos, por lo que la existencia de toda Nación, en nuestro caso particular de la Nación Española, no es sólo una voluntad coyuntural y personal que pueda manifestarse en las urnas o mediante otra forma, sino algo que constituye a los ciudadanos que la integran, lo quieran o no, al estar incluidos en su proyecto histórico. Constituye en definitiva un delito de lesa patria el colaborar con la desobediencia que canalizan los partidos secesionistas, la principal amenaza interna tácita a la existencia de la Nación Española. Amenazas que son ejemplificadas en las argumentaciones razonadas y en los documentos que las acompañan, como el Pacto del Tinell, conjura en la que se forma la coalición de «todos contra el PP» para que nunca más vuelva a gobernar el Partido Popular en España, o entrevistas realizadas en los medios de comunicación a los políticos secesionistas, caso de los ya conocidos José Luis Carod Rovira, Pascual Maragall o Juan José Ibarreche, donde se aprecian claramente las amenazas lanzadas por estos enemigos de la Nación Española.

En suma, el libro no sólo argumenta en defensa de España, sino que proporciona a quienes tienen la certeza pero les faltan las razones, argumentos para la defensa dialéctica de la Nación Española frente a quienes, en la vida diaria, la amenazan o, por mera ignorancia, la ponen en peligro.

No cabe, en todo caso, confundir (reducir) soberanía nacional y soberanía popular (concepto de origen rousseauniano y de estirpe plebiscitaria -de plebe-, contractualista), como en cierto modo hace la Constitución de 1978, del mismo modo que no cabe reducir la Nación al Pueblo. En efecto «Pueblo» designa, ante todo, a una muchedumbre viva que, en el presente, es concebida como capaz de expresar su voluntad política («voluntad general») mediante el sufragio; pero la «Nación» no sólo designa al Pueblo que vive en ella, sino también a los muertos que la constituyeron y mantuvieron, y a los hijos que todavía no han empezado a vivir (o incluso los que ya han nacido pero aún no tienen derecho a voto), pero que ya están, sin embargo, contemplados en los planes presentes dirigidos al mantenimiento futuro de la Nación.

Por eso, el pueblo no puede decidir, y menos aún una parte suya, sobre la Nación española, aunque sí puede, si las divergencias entre sus componentes son muy fuertes, hacer inviable la recurrencia de la Nación, lo que implicaría a su vez la dispersión de la propia muchedumbre popular, y con ello su ruina. (página 148)


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