
Historia de España
De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.
Jean Descola, Historia de España. Editorial Juventud, Barcelona 1967
Obra del hispanista Jean Descola en la que se amplían las tesis de su Historia de la España cristiana, destacando la pervivencia de costumbres mantenidas en este Estado, cuyo origen remonta a precedentes étnicos (los íberos) pese a las constantes amenazas e invasiones de su unidad primigenia: los fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes, etc. Según Descola, la pervivencia del espíritu cristiano en España es tan fuerte que se involucra íntimamente a la idea de su existencia nacional.
| «Singular destino el de España, que, acaso más que ningún otro país, hubo de contar con amos extranjeros, de los que, con rara fortuna en la que entraba más instinto que verdadero sentido político, supo librarse, pero inspirándose al mismo tiempo en ellos. Surgida de las tinieblas de la prehistoria, tempranamente visitada por la audacia fenicia, por la belleza griega, por la intrepidez púnica y por la cordura romana; tomando del godo las instituciones, del moro el esplendor sensual para adornar con él su piedad, del judío su inquietud y esa sombría mirada de perseguido que echa a veces al mundo, España, manteniéndose fiel a sus costumbres cristianas, ha podido prepararse, en plena servidumbre, para reconquistar su independencia y forjar su unidad» (página 15). |
| El español, cerradamente individualista, no es menos cerradamente patriota. La patria es para él una especie de anexión apasionada. Y así como confunde en un mismo amor su familia y su tierra, así unifica también la religión y la patria. De tal suerte que se ha podido decir que el español siente la religión como un deber patriótico y el patriotismo como una devoción religiosa. Y los movimientos liberales del siglo XIX y del siglo XX —algunos ferozmente anticlericales— tienen por tema principal la religión. En pro o en contra. Catolicismo tenaz, ateísmo masónico: amor u odio igualmente apasionados. A semejanza de esos cetros antiguos rematados por dos caras de marfil opuestas, la Iglesia de España está condenada a ver tan pronto un perfil del Greco como una figura de Goya: un fraile o un insurrecto. Toda España corre detrás de la Iglesia, la mitad con una vela y la otra mitad con un palo, dice un proverbio. Unas veces incensada y otras apaleada, la Iglesia española se las arregla para mantenerse aún en buena salud, aunque haya sido asesinada varias veces (página 423). |
