Historia de la España cristiana

De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.

, Historia de la España cristiana. Aguilar, Madrid 1954
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Jean Descola, Historia de la España cristiana. Aguilar, Madrid 1954
Jean Descola, hispanista francés, nos ofrece en su Historia de la España cristiana un relato que liga España a la religión cristiana. Desde los martirios en tiempos romanos, pasando por los realizados por los musulmanes, la Reconquista, el descubrimiento de América o la resistencia del catolicismo social frente a la II República y los nuevos martirios del anticlericalismo durante la Guerra Civil Española, la constante cristiana define el devenir de la Nación Española.
¡Singular destino el de España, que, acaso más que ningún otro país, hubo de actuar bajo dominadores extranjeros, de los que, con rara fortuna, en la que entraba más instinto que verdadero sentido político, supo liberarse a la vez que se inspiraba en ellos! Surgida de las tinieblas de la Prehistoria, visitada muy pronto por la audacia fenicia, la belleza griega, el arrojo cartaginés y la prudencia romana, tomando de los godos sus instituciones, de los moros el esplendor sensual con que vistió su piedad, de los judíos esa inquietud ardiente y esa mirada sombría de perseguido que echa a veces al mundo, España no ha traicionado nunca al ideal cristiano que la condujo a la unidad (página 5).


Convenía, antes de salir de la España católica, destacar el esfuerzo de su Iglesia en favor del pueblo. Porque, en el transcurso de esos veinte siglos de gloria, se ha visto con demasiada frecuencia que ciertos clérigos se apartaban del pobre para acercarse al rico. El principal mérito de la Igiesia española del siglo xx es haberse inclinado de nuevo hacia el pobre. Después de haber encarnado durante tanto tiempo y haber llevado como una custodia el sueño legendario de la Hispanidad y del Imperio, le falta a la Iglesia conducir a la caballeresca España hacia su nuevo destino. En ninguna parte se impone tan fuertemente la alianza de un pueblo con su Iglesia (página 297).