Jaime I el Conquistador

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Nacido en Montpellier el 2 de febrero de 1208, vivió sus primeros años bajo la tutela de quien causó la muerte de su padre Pedro II, Simón de Montfort, por acuerdo de su progenitor en poner su educación en manos del francés. Fallecidos ambos progenitores, en el año 1213 los notables aragoneses reclamaron la presencia del rey niño en la corte, lo que permitió Monfort tras mediación papal. Con sólo diez años comenzó el reinado de Jaime I, en un ambiente de agitación entre los nobles del reino. Con trece años contrajo matrimonio en Soria con Leonor de Castilla, hija de Alfonso VIII. En el año 1235 casó con Violante de Hungría, con la que tuvo nueve hijos, entre ellos Pedro III, que sería su sucesor. Su hija doña Violante casaría con Alfonso X el Sabio, con quien entablaría una fuerte relación política. No obstante, pese a las ayudas prestadas a Castilla, Jaime I refrendó el vasallaje ante el Papa y la Inquisición como hiciera su padre Pedro II, declarando en 1226 la pena capital para los herejes que se encontrasen en sus dominios.

En el año 1229 comenzó la conquista de las Islas Baleares. Tras tres meses de asedio, el último día de dicho año entraban las tropas cristianas en la capital de Mallorca. En los años siguientes fueron conquistadas las demás islas y repobladas con cristianos provenientes no sólo de Cataluña y Aragón, sino de los otros reinos cristianos españoles e incluso de otras zonas de Europa como Francia e Italia.

En 1232 volvió sus ojos hacia Valencia aprovechando el desmoronamiento del poder almohade tras la batalla de las Navas de Tolosa y los continuos éxitos de Fernando III de Castilla. El 9 de octubre de 1238, tras vencer a los ejércitos musulmanes por mar y tierra, el ejército de Jaime I junto a tropas de otros reinos cristianos hacía su entrada en Valencia. En los años siguientes fueron cayendo en su poder las demás plazas aún en manos musulmanas.

En su avance hacia el Sur los ejércitos aragoneses se toparon con los igualmente victoriosos soldados de Fernando III, por lo que en marzo de 1244 se firmó en Almizra un tratado que fijó los límites de ambos reinos y sus zonas de expansión. Con este tratado se puso fin a la expansión hacia el Sur del reino aragonés, orientándose hacia el Mediterráneo. Sin embargo, continuó socorriendo a Alfonso X cuando las sublevaciones moras lo hicieron necesario. El propio Jaime I explica los motivos de este auxilio en sus memorias:


«Mucho me asombro de vosotros, pues sois gente dura para entender las razones; porque deberíais considerar de qué asunto se trata y tendríais que discernir si Nos lo hacemos con una finalidad buena o mala. Porque ciertamente creemos que nadie podría criticarnos, pues lo hacemos, en primer lugar, por Dios; en segundo, para salvar a España; y, en el tercero, para que Nos y vos tengamos gran mérito y buen renombre por haber salvado a España».


En esa época, los documentos oficiales de la Corona de Aragón eran escritos en lengua española, en contra de las intoxicaciones nacionalistas que atribuyen este hecho a una imposición de tiempos de los Reyes Católicos o incluso posteriores. La potencia demográfica de la España que hablaba español, su gran extensión y su posición central en la península fueron factores que provocaron su hegemonía lingüística, convirtiéndose así en lengua de comunicación para todos los habitantes de España.

Un ejemplo es la correspondencia tanto con los otros reinos cristianos como con los musulmanes. Ya desde el siglo XIII, e incluso antes, puede afirmarse que el español fue la lengua franca que todos los peninsulares, moros incluidos, tuvieron que utilizar para poder comunicarse entre ellos. Por ejemplo, el 13 de agosto de 1257 emitió en Lérida esta carta a sus súbditos:

«Don Jaimes, por la gracia de Dios Rey de Aragon, de Mayorgas, et de Valencia, Comde de Barcelona et de Urgel, et senyor de Montpesler, á todos los homnes del nuestro senyorio del regno de Aragon, de Mayorgas, et de Valencia, et del comdado de Barcelona, et de Urgel, et del senyorio de Montpesler, tambien á christianos quomo á moros et á judios, que esta nuestra carta vieren saludes et gracia. Fazem vos saber que agora quando oviemos nuestras vistras con el mucho honrrado Rey de Castiella, que tomamos acuerdo amos á dos de quomo se emendassen todas las pendras et todos los danyos que se fazieren de la nuestra tierra á la suya, et de la suya á la nuestra (...)»


Si bien Jaime I emprendió su expansión por el Mediterráneo, frenó la influencia de la Corona de Aragón en el Sur de Francia, firmando en el 1258 el tratado de Corbeil, en virtud del cual el rey aragonés renunciaba a sus derechos y pretensiones sobre los condados occitanos de Provenza, Tolosa, Saint Gilles y Narbona mientras que el rey francés hacía lo propio sobre los nueve condados (Barcelona, Urgel, Besalú, Rosellón, Ampurias, Cerdaña, Conflent, Gerona y Ausona) surgidos en los lejanos tiempos de la influencia carolingia en tierras catalanas.

Durante la campaña en Játiva contra los moros, Jaime I enfermó gravemente. Aunque deseó vestir el hábito cisterciense por el resto de sus días en el monasterio de Poblet, falleció en Valencia el 27 de julio de 1276. Sus restos fueron enterrados, sin embargo, en Poblet, como él dispuso.

Bibliografía