La Inquisición española: una revisión histórica

De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.

. La Inquisición española [1965]. Grijalbo, Barcelona 1979.
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Henry Kamen. La Inquisición española [1965]. Grijalbo, Barcelona 1979.

El hispanista Henry Kamen analiza en este libro la institución de la Inquisición española. Su tesis fundamental, inspirada en el materialismo histórico vulgarizado tan de moda en España en la década de 1970, defiende que se trató de un instrumento político de carácter clasista para consolidar el dominio de la clase dominante en la España del siglo XV y en adelante, la aristocracia castellana. En base a la rivalidad que los judíos podían ejercer por su pujante situación económica, serían los sujetos fundamentales a quienes someter a la Inquisición.

El éxito de la nobleza castellana habría de tener efectos perniciosos de más profunda importancia y de más larga duración de lo que nunca pudo suponerse. Para nosotros, el problema es considerar cómo una nación puede ser constreñida y circundada por la estrecha visión de sus propias clases dominadoras, de modo que una comunidad «abierta» con lazos creativos con el mundo exterior, sea forzada a recogerse sobre sí misma, cortando todas las comunicaciones externas y convirtiéndose así en una sociedad «cerrada». En el corazón de este desarrollo figura la Inquisición española (página 17).


Suponer a la Inquisición un formidable aparato represivo sitúa a Kamen dentro de las posiciones habituales de la Leyenda Negra: el Tribunal del Santo Oficio como causante del oscurantismo y pobreza cultural de una España que viviría durante varios siglos aislada de todo lo que sucedía más allá de los Pirineos.

Fue la Inquisición la que protegió la fe y la moral de la península, de modo que las herejías nacionales y extranjeras, y sobre todo la Reforma protestante, jamás echaron raíces en España. Al mismo tiempo, España se retiró de la participación activa en la vida intelectual de Europa, y se dedicó a los ideales del resurgimiento de la Iglesia y de la aristocracia militar: el siglo xvi, cuando una España dinámica estableció su hegemonía sobre Europa, América y los océanos Atlántico y Pacífico, fue la era de su mayor triunfo. Esto fue seguido por un no menos notable período de actividad cultural en España. Después, la sociedad cerrada se encontró con que había agotado sus recursos: se extinguió el tumulto y el griterío, y pronto quedó dolorosamente en claro que no habría más remedio que dialogar con el mundo exterior si España no quería declinar hasta convertirse en un remanso de aguas estancadas (página 17).


Sin embargo, pese a los tonos ocres con los que salpica a la Inquisición, Kamen sostiene que el Tribunal contribuyó a eliminar la situación de ciudadanos de segunda que eran los judíos en España durante la Edad Media, especialmente en la Corona de Aragón. De hecho, la Inquisición española no podía actuar contra los judíos como tales, sino contra los conversos al cristianismo, que eran ya homologables a los cristianos viejos.

Dentro del catolicismo español existía pues un vasto foco secreto formado por los que jamás se reconciliaron con el bautismo. La vida que llevaban, que habia de ser sustancialmente la misma durante todos los siglos de su estancia en España, era furtiva y subterránea, propensa al repentino descubrimiento o a la traición, y apartada de las prácticas religiosas de la comunidad judía en su conjunto. Despreciados por los cristianos viejos por su raza, y objeto de la mofa de los judíos por su apostasía, los conversos vivían en su mayoría en una atmósfera social que ellos no habían elegido de grado. Tras el establecimiento de la Inquisición, su suerte fue aún más dura, porque el tribunal publicaba regularmente instrucciones mostrando cómo podían ser descubiertos los judaizantes. Poco a poco se fue prescindiendo de los alimentos o ropas distintivas, en una tentativaa de alejar las sospechas, y las escasas familias judaizantes ni siquiera se atrevían a conservar libros de oraciones en hebreo o en cualquier otro idioma, no fuera a ser que un sirviente los encontrara por casualidad. El resultado de estas tentativas de vivir sin ningún signo exterior visible de judaísmo, y de basarse sólo en la inspiración interna de la fe, condujo inevitablemente a un decaimiento gradual de las formas judías en la religión de los conversos (página 31).


No obstante, el libro de Henry Kamen tiene una virtud que muchos otros descuidan. Y es que el hispanista se cuida de señalar que la Inquisición no vio la luz en España con los Reyes Católicos, sino que ya fue implantada en la Corona de Aragón durante los siglos XII y XIII por monarcas como Pedro II el Católico y Jaime I el Conquistador para combatir la herejía cátara, sin que Castilla aceptase tal mandato. El tribunal que los Reyes Católicos aprobarían en 1478 por la Bula de Sixto IV sería de carácter político y no tanto religioso.

La Inquisición como tal no era desconocida en España. En 1238 fue instituida en los reinos de la corona de Aragón una Inquisición directamente subordinada a Roma y controlada por la orden dominica; pero este organismo había decaído tanto que en el siglo xv estaba en completa inactividad. Castilla, por otra parte, jamás había conocido la existencia de la Inquisición, es decir, de un organismo que se preocupara exclusivamente de desarraigar la herejía. Los obispos y sus tribunales eclesiásticos habían bastado hasta ahora para castigar a los herejes. El argumento empleado por Hojeda y otros, sin embargo, insistía en que el problema de los conversos era tan grave y de tal envergadura, que sólo la introducción de una Inquisición permanente sería lo adecuado para hacer frente a la amenaza. En consecuencia, la bula que fue finalmente promulgada por el papa Sixto IV el primero de noviembre de 1478, preveía el nombramiento de dos o tres sacerdotes de más de cuarenta años de edad como inquisidores. A la corona de España se le concedían poderes para su nombramiento y destitución (página 45).
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