
La República española y la guerra civil (1931-1939)
De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.
| «También hubo desde los primeros días un problema de disciplina política, simbolizado gráficamente por el tan empleado adjetivo: desbordado. Uno tras otro, los dirigentes responsables se vieron, o hundidos o forzados a adoptar posiciones extremas por sus seguidores más radicales, o por grupos que amenazaban con atraerse a sus partidarios. Alcalá-Zamora fue desbordado por una masa de diputados anticlericales que hallaron en Azaña a un dirigente más capaz. El socialista moderado Prieto fue desbordado por Largo Caballero, que tomó la jefatura de los socialistas revolucionarios. Y Largo Caballero, a su vez, fue amenazado a su izquierda por el extremismo de las posiciones de la CNT. Lerroux fue desbordado por la actitud militante en favor de la Iglesia, el Ejército y la aristocracia social y financiera tomada por Gil Robles, y Gil Robles fue desbordado por la fraseología nazi de algunos de sus seguidores, y, finalmente, por el monarquismo reaccionario de Calvo Sotelo» (pág. 422). |
Sin embargo, esta concepción, imitada por muchos, de una «Tercera España» republicana víctima de la polarización ideológica entre una extrema derecha y una extrema izquierda es bastante dudosa, máxime cuando los denominados republicanos estuvieron de acuerdo con la revolución de Octubre de 1934 e intentaron aprovecharse de los disturbios y violencias provocados por los extremistas de izquierda, colaborando con ellos y consintiéndolos, pese a que llevaron a la II República a su destrucción en el inicio de la Guerra Civil.
Por otro lado, Jackson está completamente imbuido en la Leyenda Negra antiespañola en su visión de la Historia de España, al considerar a las fuerzas franquistas vencedoras de la Guerra Civil en una reedición del Imperio español que, según este relato injuriador, masacró indios y llevó la intolerancia de la Inquisición por todo el mundo:
| «Respecto al desarrollo de España, el resultado más importante de la guerra civil fue la derrota total de los liberales y las izquierdas. La Iglesia y el Ejército lograron un poder más grande que bajo ningún gobierno conservador monárquico o dictadura militar de todo el siglo xix. Los terratenientes volvieron a recuperar sus fincas y su autoridad, y el abismo entre su nivel de vida y el de los campesinos siguió siendo tan grande como antes de 1931. La Institución Libre de Enseñanza y sus varias filiales fueron suprimidas. La censura de prensa, de libros, teatro y cine se hizo mucho más severa que en tiempos de Primo de Rivera. (Tal censura existió bajo la Monarquía sólo en momentos de grave tensión social). Ciertamente, puede decirse que el general Franco creó el régimen más poderoso y represivo que haya existido en España desde el reinado de Felipe II» (pág. 427). |
| «La guerra civil tuvo también un significado positivo que con el tiempo trascenderá de los sufrimientos y destrucciones que fueron sus inmediatas consecuencias. Es un terrible dilema humano, repetido, que a veces los hombres no tienen más elección que someterse a la tiranía o luchar en una guerra que con toda probabilidad destruirá muchas de las instituciones que ellos trataban de defender. En julio de 1936 el pueblo español se encaró con la alternativa de sumisión o resistencia. Escogió resistir y, como sus antepasados en más de dos mil años, luchó magníficamente. Pero el ejército republicano no luchaba para expulsar moros, o para subyugar holandeses o indios reacios. La mínoría de españoles que continuaba las tradiciones de imperialismo e intolerancia figuraba en las filas del ejército nacionalista» (pág. 429). |
Publicada en inglés en 1965, fue traducida al español en 1967 en Méjico y en 1976 por Ruedo Ibérico, y ha visto numerosas reediciones sin sufrir apenas alteración en más de treinta años. Ello ha afectado a su calidad y hoy podemos considerarla una obra desfasada, pues aún hoy sigue manteniendo cifras extravagantes como los 200.000 represaliados por los vencedores de la guerra civil, cuando otros historiadores como Stanley Payne, tras minuciosos estudios de campo, reducen esas cifras a 25.000.
