Las tres Españas del 36

De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.

, Las tres Españas del 36. Plaza y Janés, Barcelona 1998
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Paul Preston, Las tres Españas del 36. Plaza y Janés, Barcelona 1998
Obra de Paul Preston en la que se presentan al lector varios semblantes biográficos de las personalidades más importantes e influyentes de la II República española y su papel durante la guerra civil, empezando con los personajes «derechistas» como Francisco Franco, José Millán Astray, José Antonio Primo de Rivera y Pilar Primo de Rivera, los «moderados» Salvador de Madariaga, Julián Besteiro, Manuel Azaña e Indalecio Prieto, y terminando con la «revolucionaria» Dolores Ibárruri. La tesis fundamental que se maneja en todos estos semblantes es que, además de las habituales y retóricas «Dos Españas» de las que habló Antonio Machado, había una «Tercera España», formada por un sector moderado, que fue víctima de los radicalismos de ambos bandos.
El concepto de una tercera España se puede ampliar a un reducido grupo de exiliados y a grandes sectores de ambos bandos durante la contienda. Había otros que sufrieron de varias maneras, a manos de los de izquierda y los de derecha, a causa de su moderación. Un caso típico fue el de Manuel Portela Valladares, centrista que había sido primer ministro desde finales de 1935 hasta las elecciones de febrero de 1936. Se había negado a autorizar el intento del general Franco, en aquel momento Jefe de Estado Mayor Central, de utilizar el Ejército para invalidar la implantación de los resultados electorales (pág. 16)


Sin embargo, este dualismo maniqueo, supuestamente contrapesado, en realidad oculta que no sólo los presentados como moderados no lo eran, pues fueron cómplices objetivos del Frente Popular, como es el caso de Manuel Azaña, sino que además los presuntos dos bandos escondían fuertes divergencias, sobre todo en el caso del Frente Popular, formado por anarquistas, socialistas y comunistas, además de los denominados como republicanos. Posiciones que acaban con el mito de las dos Españas y que el autor prefiere obviar. De hecho, en consonancia con otra de sus obras, El triunfo de la democracia en España, afirma que esa Tercera España fue la artífice de la transición pacífica a la democracia, olvidando por completo la herencia del franquismo e ignorando Preston que el paso a la democracia coronada se produjo «de la ley a la ley».


Por lo tanto, no sorprende que Franco lo denunciara en términos durísimos. En realidad su régimen represivo duró catorce años más. Sin embargo, el mensaje de Múnich fue uno que se iba a reflejar en el comportamiento político de la mayoría de la población española durante los años posteriores a 1976. Traumatizados por los horrores del extremismo sectario experimentado durante la guerra civil y la represión de la posguerra, la mayoría de los españoles rechazó la violencia política y la herencia de Franco, su deliberada política de mantener la división entre vencedores y vencidos. Dolores Ibárruri volvió a España y participó en las primeras elecciones desde la guerra civil, elecciones llevadas a cabo con un espíritu de reconciliación nacional. En este sentido, las dos Españas que lucharon en 1936 se habían convertido en la tercera España de consenso democrático prevista en el discurso de Azaña en Barcelona (pág. 25)
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