
Madrid, de Corte a Cheka
De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.
La tercera y última parte, «Hoz y martillo» transcurre durante los años 1936 y 1937, y en ella se narran los avatares de los personajes de la obra, envueltos en la violencia y represiones de la Guerra Civil en el convulso Madrid de la época.
| Bajaba don Carlos la escalera oscura de su casona de «Puerta Cerrada». Enfrente, rodeada de tranvías, vendedores y mercerías, se alzaba blanca, sepulcral, la gran Cruz de piedra. Aquellos barrios constituían dentro de Madrid como una recoleta capital de provincia.
Sonaban lentas las campanas de San Andrés en la cercana plazuela de los Carros y respondía el campanil femenino de las Carboneras que adoran al Sacramento de día y de noche entre un olor de cera y amapolas de trapo, y se lanzaba al aire azul, entre balcones volados y los vencejos chilladores, el tañido severo y ceremonioso de la Nunciatura, y había unas nubes preñadas de sembradura sobre la capilla de San Isidro. Calles del Conde y del Cordón, Fuentecilla de la Cruz Verde con los tranvías que subían hacia la Plaza Mayor cargados del olor de los jardinillos y el césped regado debajo del viaducto, con su aire vertical y velocísimo de suicidas y el paisaje de tejados oscuros, patios de vecindad con ropa tendida y, fuera ya, las antenas con pulso eléctrico de los Carabancheles y el primer campo con papeles de merienda, y la tapia con cipreses de los cementerios polvorientos (I. «Flores de Lis», página 13 de la 1ª edición) |
| Salió a la calle. Encontró un Madrid desolado, diferente; con los mismos edificios y la misma gente, aquélla era ya otra ciudad. Se daba cuenta, así, de la fuerza enorme de las ideas. A pesar de la geografía, aquello ya no era España. En la Gran Vía, en Alcalá, acampaba la horda; visión de Cuatro Caminos y de Vallecas, entre los hoteles suntuosos de la Castellana, bajo los rascacielos de la Avenida de Peñalver. Los «paqueos» habían cesado, pero los «autos» ocupados por milicianos corrían incesantes las calles. Partían los camiones con banderas rojas para el frente de la Sierra al grito de «F. A. I., F. A. I.» «C. N. T.», amenazando con los puños cerrados, agitando los fusiles, en mangas de camisa, con correaje, mezclados con milicianas de anchas caderas, sargentos y hombres con pantalón de nana. (II. «Himno de Riego») |
