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De Enciclopedia de la Nación, la enciclopedia libre.
La Enciclopedia de la Nación Española inicia su andadura el 12 de octubre de 2007, Día de la Hispanidad, impulsada por la Fundación para la Defensa de la Nación Española como herramienta para el conocimiento de España y su Historia.
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- En defensa de España. Razones para el patriotismo español (http://www.nacionespanola.org/esp.php?articulo1788)
| No cabe, en todo caso, confundir (reducir) soberanía nacional y soberanía popular (concepto de origen rousseauniano y de estirpe plebiscitaria -de plebe-, contractualista), como en cierto modo hace la Constitución de 1978, del mismo modo que no cabe reducir la Nación al Pueblo. En efecto «Pueblo» designa, ante todo, a una muchedumbre viva que, en el presente, es concebida como capaz de expresar su voluntad política («voluntad general») mediante el sufragio; pero la «Nación» no sólo designa al Pueblo que vive en ella, sino también a los muertos que la constituyeron y mantuvieron, y a los hijos que todavía no han empezado a vivir (o incluso los que ya han nacido pero aún no tienen derecho a voto), pero que ya están, sin embargo, contemplados en los planes presentes dirigidos al mantenimiento futuro de la Nación.
Por eso, el pueblo no puede decidir, y menos aún una parte suya, sobre la Nación española, aunque sí puede, si las divergencias entre sus componentes son muy fuertes, hacer inviable la recurrencia de la Nación, lo que implicaría a su vez la dispersión de la propia muchedumbre popular, y con ello su ruina. (página 148) |
| «Como corolario de todo ello, la tarea de salvación o recuperación de España aparece en los historiadores y en los propios monarcas actores como la idea matriz que debe inspirar todo esfuerzo de expansión. En contra de lo que pretenden algunos historiadores actuales, no se trata en absoluto -aquí tampoco- de una mitología "castellanista"; es una noción común a todos los núcleos. La recuperación justifica la acción política y es una misión religiosa ineludible y, por tanto, un deber superior a cualquier otro. Precisamente, la grandeza política de los monarcas se mide a veces por su esfuerzo reconquistador. Para Tomich, don Pelayo tuvo ’lo primer titol de Hispanya’, porque fue el primero en rebelarse. Para el autor de la Crónica de San Juán de la Peña, el destino de los reyes es luchar contra los moros, y Desclot ensalza a Ramón Berenguer IV porque ’fue muy fuerte contra los sarracenos... el que más ha conquistado’» (página 120) |
| «España es un país moderno, vivo, industrial pero la singularidad española se asocia al ocio, la simpatía, la diversión o la hospitalidad en detrimento de su marca empresarial y del reconocimiento de su espíritu emprendedor económico y mercantil (…) Y el proceso de normalización culminado con éxito en aspectos políticos y sociales fundamentales no se ha completado en lo referente a la imagen nacional, víctima todavía de los tópicos derivados de los siglos imperiales y el romanticismo.
Desde hace siglos han rodeado España visiones negras, folclóricas o torticeras que han influido en la percepción errónea de nuestro pasado y en la existencia de una conciencia nacional desorientada, a la que no ayudan nada ni el frenesí de los regionalismos y los nacionalismos ni la debilidad del sistema educativo en la difusión de los valores ciudadanos» (páginas 200-201). |
| Tabla de contenidos |
Jesús Laínz, La Nación falsificada
| La personalidad colectiva de los pueblos, eso que ha dado en llamarse identidad, omnipresente y contagiosa obsesión tan característica de la España de nuestros días, no se crea a golpe de decreto ni surge de la noche a la mañana. Por el contrario, es el resultado de un largo proceso en el que han participado incontables generaciones que, con su paso por la historia, fueron modelando espontáneamente los perfiles culturales, religiosos, lingüísticos, artísticos y afectivos que caracterizan a las socíedades actuales.
Paradójicamente, las opciones políticas que se presentan como los guardianes de estas esencias identitarias son las responsables de la más grave campaña de adulteración de la identidad histórica y cultural jamás sufrida en la bimilenaria historia de España. A pesar de que algunos lo pretendan, el País Vasco y la Cataluña actuales no son creaciones sintéticas diseñables a medida en un laboratorio -no otra cosa es lo que hoy se denomina construcción nacional—. Muy al contrario, son el resultado de lo que los vascos y los catalanes han forjado a lo largo de los siglos. Volver la espalda a la historia, e incluso alterarla para que encaje en el discurso ideológico de algunos partidos políticos, no sólo es un atentado contra la honradez y la verdad, sino que se trata del mayor atentado posible contra el País Vasco y Cataluña. Estas páginas están dedicadas a recordar brevemente unos cuantos momentos transcendentales de la historia de España a través de los ojos de sesenta personajes eminentes -monarcas, guerreros, marinos, políticos, escritores, músicos, inventores, exploradores-, todos ellos vascos y catalanes. Desde hace más de mil años, de Wifredo el Velloso a Almirall, de Sancho el Mayor a Iradier, sesenta insignes vascos y catalanes denunciarán con sus hechos y sus palabras la manipulación nacionalista (página 12) |
| Wifredo el Velloso. Conde de Barcelona (878-897), uno de los más caracterizados de la Marca Hispánica que Carlomagno había arrebatado a los musulmanes y a quien los condes prometían vasallaje. Carlomagno y su hijo Ludovico Pío, rey de Aquitania, dividieron los territorios conquistados en condados (Rosellón, Gerona, Ampurias, Besalú, Ausona, Urgel, Cerdaña, Barcelona y Pallars), al frente de los cuales pusieron a comes (condes), cargo no vitalicio ni hereditario. (Leer más) |
| . Sancho Garcés III, llamado el Mayor o el Grande, nacido hacia 965, fue rey de Pamplona desde alrededor del año 1000 hasta 1035. Suele denominársele erróneamente rey de Navarra, pero el Reino de Pamplona no se convirtió en tal hasta 150 años después de su muerte. Tampoco fue, en contra de una cierta historiografía actual, rey de los vascones o de los vascos, pues ni se tuvo nunca por tal ni la expresión era concebible en su tiempo: los términos vasco y vascón designaban a los habitantes de la orilla Norte del Bidasoa. Similar confusión se da con la expresión País Vasco en una región donde habitaban los que se denominaban vascongados o habitantes de las Vascongadas. País Vasco es un galicismo (Pays Basque) introducido en la lengua española a finales del siglo XIX. Leer más |
- Diego López de Haro el Bueno
- Lope Díaz de Haro Cabeza Brava
| Juan Sebastián Elcano nació en Guetaria entre 1476 y 1487, en una familia Juan Sebastián era el mayor de los nueve hijos de Domingo de Elcano y Catalina del Puerto. Poco se sabe de sus primeros años, si bien parece que tuvo contacto con la vida marina desde muy joven, dedicándose a la pesca y probablemente al corso. Participó en la expedición que en 1509 organizó el Cardenal Cisneros para conquistar Orán, Bujía y Trípoli. También se enroló en la expedición que Fernando de Magallanes realizó para encontrar la ruta camino a la India en dirección oeste. El 27 de septiembre de 1519 partieron con cinco naves de Sanlúcar de Barrameda. Leer más. |
Biografías
Hispanistas
Hugh Thomas
| «A finales de los años 50, la idea de escribir una historia general de la guerra desde un punto de vista histórico se les había ocurrido a varias personas además de a mí: al cabo de un mes de la publicación de la mía, apareció otra historia general escrita por dos franceses, Fierre Broué y Émile Témime. También se habían publicado ya para entonces una o dos monografías, como los dos libros del profesor Cattell sobre el comunismo y la política rusa, y el estudio un tanto inquisitorial de Burnett Bolloten sobre la actuación comunista, publicado al mismo tiempo que mi libro. Así, pues, en el extranjero «necesitaban» una historia de la guerra civil, al decir de los editores. Parecía que se habían enfriado las pasiones entre los que habían luchado o simpatizado con uno u otro bando. Al mismo tiempo, ya podía encontrarse mucho material disponible relacionado con la guerra civil que, en su mayor parte, no había sido aprovechado» (pág. 19). |
Gabriel Jackson
| «También hubo desde los primeros días un problema de disciplina política, simbolizado gráficamente por el tan empleado adjetivo: desbordado. Uno tras otro, los dirigentes responsables se vieron, o hundidos o forzados a adoptar posiciones extremas por sus seguidores más radicales, o por grupos que amenazaban con atraerse a sus partidarios. Alcalá-Zamora fue desbordado por una masa de diputados anticlericales que hallaron en Azaña a un dirigente más capaz. El socialista moderado Prieto fue desbordado por Largo Caballero, que tomó la jefatura de los socialistas revolucionarios. Y Largo Caballero, a su vez, fue amenazado a su izquierda por el extremismo de las posiciones de la CNT. Lerroux fue desbordado por la actitud militante en favor de la Iglesia, el Ejército y la aristocracia social y financiera tomada por Gil Robles, y Gil Robles fue desbordado por la fraseología nazi de algunos de sus seguidores, y, finalmente, por el monarquismo reaccionario de Calvo Sotelo» (pág. 422). |
Stanley G. Payne
| «En cierto modo, las secuelas del régimen fueron más extraordinarias que su larga historia, porque la democratización llevada a cabo por el rey Juan Carlos y sus colaboradores entre 1976 y 1978 es un caso único en los anales de todas las transiciones de regímenes ocurridas hasta la fecha [...] Nunca antes se había utilizado el mecanismo institucional de un sistema autoritario para transformar el sistema de arriba a abajo de forma pacífica, pero sistemática». (página 669) |
Paul Preston
| El concepto de una tercera España se puede ampliar a un reducido grupo de exiliados y a grandes sectores de ambos bandos durante la contienda. Había otros que sufrieron de varias maneras, a manos de los de izquierda y los de derecha, a causa de su moderación. Un caso típico fue el de Manuel Portela Valladares, centrista que había sido primer ministro desde finales de 1935 hasta las elecciones de febrero de 1936. Se había negado a autorizar el intento del general Franco, en aquel momento Jefe de Estado Mayor Central, de utilizar el Ejército para invalidar la implantación de los resultados electorales (pág. 16) |
| «Erá trágico que por el desprecio del gobierno hacia la justicia social los socialistas se vieran obligados a adoptar una postura revolucionaria. Azaña consideraba que a la derecha le interesaba provocar a los socialistas a un levantamiento. Una vez que los radicales hubieran utilizado el aparato represivo del Estado para aplastar al proletariado, Gil Robles exigiría que se le dejase gobernar para implantar su Estado corporativo» (págs. 200-201) |
| El rey ya no necesita una legitimidad franquista de la que tan fácilmente se burlaba el mismo Franco. La monarquía de Juan Carlos I ha conseguido superar su pecado original: el haber sido concebida por el general Franco con el propósito de dar continuidad a los principios fundamentales del Movimiento. Un estigina que en teoría podría haber impedido que la monarquía fuera aceptable para los demócratas españoles, fue borrado por el papel que desempeñó el rey en la transición a la democracia y en especial durante las crisis golpistas entre 1977 v 1982 y sobre todo durante el golpe de Tejero del 23 de febrero de 1981. En otras palabras, la monarquía borbónica superó una prueba de utilidad nacional precisamente por haber contribuido a impedir varios intentos de volver al franquismo. Esto, junto a un cuarto de siglo durante el cual ha ejercido la jefatura del Estado con dignidad y neutralidad, sirve de uno de los pilares de la estabilidad y durabilidad de la monarquía democrática (pág. 16) |
Raymond Carr
| «Se ha hecho muchas veces la pregunta de si podría haberse evitado el estallido de la guerra civil. Indudablemente que sí, pero no a mediados de julio de 1936. Por esa fecha, el odio, el sectarismo y la polarización política eran tan grandes que era poco menos que inevitable una u otra clase de huracán. La principal responsabilidad en esa situación correspondió a los que detentaban los resortes del gobierno: la izquierda republicana de Azaña, perteneciente a la clase media española. Del 19 de febrero al estallido de la guerra civil, estos hombres tuvieron el control exclusivo del poder ejecutivo. En la historia reciente de España ningún otro gobierno había ejercido tan en solitario el poder. Pero no lo utilizó de una forma imparcial y con perspectiva nacional, ni siquiera tuvo en cuenta la Constitución republicana; persiguió a las derechas y cebó a los revolucionarios casi de todas las formas concebibles, desde la legislación económica a las actuaciones policiales. Esta política fue al final suicida para los radicales de clase media; Azaña sólo la rechazó cuando ya era demasiado tarde.
La acostumbrada explicación de los defensores de aquel régimen de clase media izquierdizante fue que la administración Azaña no hizo nada para contribuir a la polarización dominante, y que fue simplemente víctima de ella, atacado por los extremos de derecha y de izquierda. Pero esta tesis no resiste el examen histórico. Salvo unas pocas horas de la mañana del 19 de julio, durante los tardíos esfuerzos para salir del precipicio, la administración Azaña no fue víctima de la izquierda revolucionaria, sino colaborador suyo casi sin reservas. Era la inevitable consecuencia de la distinción, nada liberal y anticonstitucional, hecha por la izquierda de clase media desde 1931 en adelante entre «verdaderos republicanos» -los de izquierda- y «criptofascistas» -los conservadores. En estas condiciones era totalmente imposible el funcionamiento estable de un gobierno nacional representativo; por eso la sustitución del gobierno de izquierda republicana por la dictadura revolucionaria a finales de julio de 1936 no fue en modo alguno una consecuencia ilógica de su teoría y sus tácticas políticas» (págs. 162-163). |
Henry Kamen
| «Dentro del catolicismo español existía pues un vasto foco secreto formado por los que jamás se reconciliaron con el bautismo. La vida que llevaban, que habia de ser sustancialmente la misma durante todos los siglos de su estancia en España, era furtiva y subterránea, propensa al repentino descubrimiento o a la traición, y apartada de las prácticas religiosas de la comunidad judía en su conjunto. Despreciados por los cristianos viejos por su raza, y objeto de la mofa de los judíos por su apostasía, los conversos vivían en su mayoría en una atmósfera social que ellos no habían elegido de grado. Tras el establecimiento de la Inquisición, su suerte fue aún más dura, porque el tribunal publicaba regularmente instrucciones mostrando cómo podían ser descubiertos los judaizantes. Poco a poco se fue prescindiendo de los alimentos o ropas distintivas, en una tentativaa de alejar las sospechas, y las escasas familias judaizantes ni siquiera se atrevían a conservar libros de oraciones en hebreo o en cualquier otro idioma, no fuera a ser que un sirviente los encontrara por casualidad. El resultado de estas tentativas de vivir sin ningún signo exterior visible de judaísmo, y de basarse sólo en la inspiración interna de la fe, condujo inevitablemente a un decaimiento gradual de las formas judías en la religión de los conversos» (página 31). |
| «Gran parte de nuestra concepción del pasado está impregnada de mitos y, como sucede con aquellos de entre nosotros que todavía se aferran a la idea de que la Tierra es plana, no hay motivo para que no se nos permita cultivarlos si son inofensivos [sic]. La historia del imperio de España, no obstante, no es inocua. Para los españoles de hoy el pasado no es un territorio lejano, es una parte íntima de la polémica que conforma su presente y continúa desempeñando un papel central en sus aspiraciones políticas y culturales.» (pág. 11) |
| «Claro que podríamos objetar que España siempre fue pobre, nunca rica; que no había conquistado ningún imperio; que no podía malgastar recursos que no tenía; que el programa imperial funcionó gracias a las minas de Potosí y a los soldados y banqueros de Italia; y que los territorios que 'perdió' (como los Países Bajos) nunca le habían 'pertenecido' realmente en un sentido político o económico. Tales objeciones serían vanas de cara a la acérrima convicción de que España había sido, una vez, la nación más poderosa de Europa, del mundo en realidad, [...]» (pág. 302). |
| «Gracias al fenómeno del exilio algunos aspectos fundamentales de la cultura hispánica se desarrollaron y maduraron considerablemente en el extranjero con la ayuda de dos grandes naciones: Francia y Estados Unidos. El papel de estas naciones en el fomento de la creatividad hispánica pocas veces recibe la atención que merece, a pesar de haber sido muy amplio, vigoroso y fundamental. Sin ellas, la cultura peninsular andaría cojeando en la edad contemporánea.». (pág. 453.) |
Jean Descola
| E1 español, cerradamente individualista, no es menos cerradamente patriota. La patria es para él una especie de anexión apasionada. Y así como confunde en un mismo amor su familia y su tierra, así unifica también la religión y la patria. De tal suerte que se ha podido decir que el español siente la religión como un deber patriótico y el patriotismo como una devoción religiosa. Y los movimientos liberales del siglo XIX y del siglo XX —algunos ferozmente anticlericales— tienen por tema principal la religión. En pro o en contra. Catolicismo tenaz, ateísmo masónico: amor u odio igualmente apasionados. A semejanza de esos cetros antiguos rematados por dos caras de marfil opuestas, la Iglesia de España está condenada a ver tan pronto un perfil del Greco como una figura de Goya: un fraile o un insurrecto. Toda España corre detrás de la Iglesia, la mitad con una vela y la otra mitad con un palo, dice un proverbio. Unas veces incensada y otras apaleada, la Iglesia española se las arregla para mantenerse aún en buena salud, aunque haya sido asesinada varias veces (página 423). |
| «Convenía, antes de salir de la España católica, destacar el esfuerzo de su Iglesia en favor del pueblo. Porque, en el transcurso de esos veinte siglos de gloria, se ha visto con demasiada frecuencia que ciertos clérigos se apartaban del pobre para acercarse al rico. El principal mérito de la Igiesia española del siglo xx es haberse inclinado de nuevo hacia el pobre. Después de haber encarnado durante tanto tiempo y haber llevado como una custodia el sueño legendario de la Hispanidad y del Imperio, le falta a la Iglesia conducir a la caballeresca España hacia su nuevo destino. En ninguna parte se impone tan fuertemente la alianza de un pueblo con su Iglesia» (página 297). |
Geoffrey Parker
| «La popularidad de retratos tan descaradamente hostiles se explica con facilidad. España y sus gobernantes raramente habían gozado de popularidad en el mundo exterior. En el siglo xv se forjó una «Leyenda Negra» en Italia, que inevitablemente caracterizaba al español como cruel, orgulloso y lascivo (y frecuentemente «contaminado» también con sangre judía o mora). Mientras penetraba con mayor profundidad el poder español en Europa, se extendía con él la Leyenda Negra. «Non placet Hispania», («No me gusta España»), escribió Erasmo, y su razón era sencilla: había demasiados judíos. «Los judíos abundan en Italia, pero apenas hay cristianos en España», escribió en una ocasión. Y donde Erasmo se contentaba con burlarse, otros eran más acerbos en sus ataques pretendiendo que los conquistadores españoles eran inferiores en carácter, cultura y fe religiosa. La persecución del protestantismo por los Habsburgo no hizo más que intensificar la campaña contra España. Las atrocidades cometidas por los ejércitos españoles en Amberes en 1576 o por los colonizadores españoles en América fueron inmediatamente utilizadas para reforzar la Leyenda Negra y los biógrafos protestantes inevitablemente imputaron estos y todos los demás «crímenes» a Felipe II» (página 264) |
Burnett Bolloten
| «Rechazado por la izquierda y por la derecha, el gabinete de Martínez Barrio cayó en el olvido incluso antes de que los nombres de sus miembros se publicaran oficialmente en la Gaceta de Madrid ese febril 19 de julio. Hubo que abandonar toda idea de llegar a un compromiso con los generales insurrectos y el nuevo gobierno decidió que, para combatir la rebelión, debía acceder a la distribución de armas que exigían las organizaciones obreras. "Cuando me hice ,cargo del Gobierno de la República -atestigua su primer ministro, José Giral- hube de considerar que la única forma de hacer frente a la sublevación militar era el entregar al pueblo las escasas armas de que disponíamos entonces". Y Salvador Quemades, dirigente de la Izquierda Republicana, atestigua: "El Gobierno, que se encontró sin los resortes necesarios para ahogar la insurrección, tuvo que entregarse a las organizaciones políticas y sindicales para que fueran éstas -el pueblo- quienes se opusieran al movimiento insurreccional". Pero aquel gobierno sólo lo era de nombre; arrastrado irremediablemente por los acontecimientos, estaba asistiendo a la rápida disolución del régimen republicano de 1931 bajo el doble impacto de la rebelión militar y la revolución social. Según su primer ministro, en todos los ministerios se establecieron inmediatamente comités del Frente Popular para ayudar y supervisar a los ministros, privándoles de toda apariencia de verdadera autoridad» (página 109) |
John H. Elliott
- La España imperial (1469-1716)
| «Hay sin duda alguna una cierta paradoja en el hecho de que la obra de los dos más excepcionales creadores castellanos, Cervantes y Velázquez, esté penetrada de un hondo sentimiento de decepción y fracaso, pero la paradoja es un fiel reflejo de la paradójica Castilla de los siglos XVI y XVII. He aquí, en efecto, un país que había escalado las alturas y descendido a las profundidades, que lo había conseguido todo y lo había perdido todo, que había conquistado el mundo sólo para ser vencido después. Las realizaciones castellanas del siglo XVI fueron esencialmente obra de Castilla, pero también lo fue el desastre español del XVII, y fue Ortega y Gasset quien expresó esta paradoja del modo más claro al escribir lo que podría ser el epitafio para la España de los Austria: "Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho"» (pág. 419). |
Pierre Chaunu
| «El drama de España, en esta primera mitad del siglo XVI, la España de ayer y, por lo tanto, todavía un poco la de hoy, es el del paso demasiado brusco del finisterre de la Cristiandad al centro de un mundo excesivamente vasto, a los cuatro vientos de los nuevos mundos y a los mucho más temibles de las demás cristiandades ricas y numerosas. Para evitar su disolución, España se encerró. Rehusó una parte de lo que hizo el poderío de la Europa de la «naturaleza escrita en lenguaje matemático», de la técnica y del alocado crecimiento, pero salvó su identidad de «frontera» trágica de la Cristiandad. Y entre dolores, lentamente, dio a luz el siglo de Zurbarán y de Cervantes, Siglo de Oro de España y de una mayor Cristiandad sin orillas» (página 405). |
Pierre Vilar
Historiadores de España
| «Yo, Bernal Díaz del Castillo, regidor de esta ciudad de Santiago de Guatemala, autor de esta muy verdadera y clara historia, la acabé de sacar a la luz, que es desde el descubrimiento, y todas las conquistas de la Nueva España, y cómo se tomó la gran ciudad de México, y otras muchas ciudades, hasta las haber traído de paz y pobladas de españoles muchas villas, las enviamos a dar y entregar, como estamos obligados, a nuestro rey y señor; en la cual historia hallarán cosas muy notables y dignas de saber: y también van declarados los borrones,3 y escritos viciosos en un libro de Francisco López de Gómara, que no solamente va errado en lo que escribió de la Nueva España, sino que también hizo errar a dos famosos historiadores que siguieron su historia, que se dicen Doctor Illescas' y el Obispo Paulo Iobio; y a esta causa, digo y afirmo que lo que en este libro se contiene es muy verdadero, que como testigo de vista me hallé en todas las batallas y reencuentros de guerra; y no son cuentos viejos, ni Historias de Romanos de más de setecientos años, porque a manera de decir, ayer pasó lo que verán en mi historia, y cómo y cuándo, y de qué manera; y de ello era buen testigo el muy esforzado y valeroso capitán don Hernando Cortés, marqués del Valle, que hizo relación en una carta que escribió de México al serenísimo emperador don Carlos V, de gloriosa memoria, y otra del virrey don Antonio de Mendoza, y por probanzas bastantes» (Prólogo). |
| «La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió, es el descubrimiento de Indias; y así las llaman Nuevo Mundo. Y no tanto le dicen nuevo por ser nuevamente hallado, cuanto por ser grandísimo y casi tan grande como el viejo, que contiene a Europa, África y Asia. También se puede llamar nuevo por ser todas sus cosas diferentísimas de las del nuestro. Los animales en general, aunque son pocos en especie, son de otra manera; los peces del agua, las aves del aire, los árboles, frutas, hierbas y grano de la tierra, que no es pequeña consideración del Criador, siendo los elementos una misma cosa allá y acá. Empero los hombres son como nosotros, fuera del color, que de otra manera bestias y monstruos serían y no vendrían, como vienen de Adán.» (A Don Carlos, Emperador de Romanos, Rey de España, Señor de las Indias y Nuevo Mundo) |
| «Antes que comenzara a tratar las cosas deste reino del Perú quisiera dar noticia de lo que tengo entendido del origen y principio que tuvieron las gentes destas Indias o Nuevo Mundo, especialmente los naturales del Perú, según ellos dicen que lo oyeron a sus antiguos, aunque ello es un secreto que sólo Dios puede saber lo cierto dello. Mas como mi intención principal es en esta primera parte figurar la tierra del Perú y contar las fundaciones de las ciudades que en él hay, los ritos y ceremonias de los indios deste reino, dejaré su origen y principio (digo lo que ellos cuentan y podemos presumir) para la segunda parte, donde lo trataré copiosamente» (Capítulo II). |
| «Mi propósito es escribir la guerra que el Rey Católico de España don Felipe el II, hijo del nunca vencido Emperador Don Carlos, tuvo en el reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos, parte de la cual yo vi y parte entendí de personas que en ella pusieron las manos y el entendimiento. [...] Veráse una guerra, al parecer tenida en poco, y liviana dentro en casa; mas fuera estimada y de gran coyuntura, que en cuanto duró tuvo atentos, y. no sin esperanza, los ánimos de príncipes amigos y enemigos, lejos y cerca; primero cubierta y sobresanada, y al fin descubierta, parte con el miedo y la industria y parte criada con el arte y ambición» (Libro I). |
Leyenda Negra
| «Si del lado de los españoles no se oye sino religión, heroísmo, vasallaje y otras voces dignas de respeto, del lado de los extranjeros no suenan sino codicia, tiranía, perfidia y otras no menos espantosas. No pude menos de comunicárselo a mi amigo Nuño, quien me dijo que era asunto dignísimo de un fino discernimiento, juiciosa crítica y madura reflexión; pero que entre tanto, y reservándome el derecho de formar el concepto que más justo me pareciese en adelante, reflexionase por ahora sólo que los pueblos que tanto vocean la crueldad de los españoles en América son precisamente los mismos que van a las costas de África a comprar animales racionales de ambos sexos a sus padres, hermanos, amigos, guerreros victoriosos, sin más derecho que ser los compradores blancos y los comprados negros; los embarcan como brutos; los llevan millares de leguas desnudos, hambrientos y sedientos; los desembarcan en América; los venden en público mercado como jumentos, a más precio los mozos sanos y robustos, y a mucho más las infelices mujeres que se hallan con otro fruto de miseria dentro de sí mismas; toman el dinero; se lo llevan a sus humanísimos países, y con el producto de esta venta imprimen libros llenos de elegantes inventivas, retóricos insultos y elocuentes injurias contra Hernán Cortés por lo que hizo; [...] (José Cadalso, Cartas marruecas [1789], Carta IX)». |
| «Qué es, a todo esto, la leyenda negra? ¿Qué es lo que puede calificarse de este modo tratándose de España? Por leyenda negra entendemos el ambiente creado por los fantásticos relatos que acerca de nuestra Patria han visto la luz pública en casi todos los países; las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y como colectividad; la negación, o, por lo menos, la ignorancia sistemática de cuanto nos es favorable y honroso en las diversas manifestaciones de la cultura y del arte; las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España fundándose para ello en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad, y, finalmente, la afirmación contenida en libros al parecer respetables y verídicos y muchas veces reproducida, comentada y ampliada en la Prensa extranjera, de que nuestra Patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de las naciones europeas.
En una palabra, entendemos por leyenda negra, la leyenda de la España inquisitorial, ignorante, fanática, incapaz de figurar entre los pueblos cultos lo mismo ahora que antes, dispuesta siempre a las represiones violentas; enemiga del progreso y de las innovaciones; o, en otros términos, la leyenda que habiendo empezado a difundirse en el siglo XVI, a raíz de la Reforma, no ha dejado de utilizarse en contra nuestra desde entonces y más especialmente en momentos críticos de nuestra vida nacional». (páginas 19-20) |
Octubre de 1934
| «Lo primero que advierte el que sin pasión examine el Octubre español, mejor diríamos el Octubre asturiano, pues sólo en Asturias tuvo lugar una verdadera sublevación armada, es la falta de ambiente. La sociedad española no estaba preparada para las consignas integrales de la revolución social y la dictadura del proletariado. No había una atmósfera social propicia; las defensas burguesas no estaban gastadas ni el Estado se descomponía. Fue un enorme error de los socialistas, que pasaban sin transición del colaboracionismo gubernamental a la revolución clasista» (José Díaz Fernández, «Prólogo» a José Canel, Octubre Rojo en Asturias. Agencia General de Librería y Artes Gráficas, Madrid 1935, pág. 9). |
Nación Española
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- ¿Qué Imperio? Un ensayo polémico sobre Carlos V y la España imperial
- Sancho III el Mayor
- Batalla de Arrigorriaga
Enemigos de la Nación Española
- Nicolás Masson de Morvilliers
- Juan José Ibarreche
- José Luis Carod Rovira
- Javier Arzalluz
- José Antonio Durán i Lleida
- Arturo Mas
- José Manuel Beiras
- Ángel Quintana
Víctimas del terrorismo nacionalista vasco










