
Segunda República española
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Tras la caída de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, los ataques contra el régimen monárquico español se acrecentaron. Al Pacto de San Sebastián firmado en 1930 por políticos de muy diversas tendencias pero conjurados para instaurar la república en España, se siguió el intento de golpe de estado en Jaca por los capitanes Galán y García Hernández, que fue abortado por el gobierno Berenguer y condenados a la pena capital sus protagonistas. El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales que ganaron los monárquicos y, pese a estar condicionadas por el caciquismo imperante de la Restauración, fueron aceptadas en su desarrollo por los partidos republicanos. Sin embargo, al correrse la noticia de que los partidos republicanos habían ganado en las capitales de provincia, los partidarios del régimen monárquico, por otro lado muy desunidos, consideraron que aquel resultado era un referendum sobre la monarquía, lo que propició el exilio de Alfonso XIII y la entrega del poder de los monárquicos a los republicanos. Nacía así el 14 de abril de 1931 la II República española.El régimen republicano, pese a esta extraña forma en la que advino, carecía de enemigos, pues los monárquicos cayeron en el descrédito y los partidos que se formaron para sustituir a este sector político eran de carácter corporativista o «accidentalista», al estilo de los régimenes autoritarios existentes en varios países de Europa por aquel entonces. Sin embargo, la República fue ganándose enemistades por su persecución a los católicos y su desgobierno generalizado: el 11 de mayo de 1931 se produjo un asalto contra numerosos establecimientos religiosos en toda España, que el gobierno ni siquiera consideró motivo para detener a los alborotadores. Por otro lado, las sublevaciones anarquistas, aplastadas sin miramientos por el gobierno republicano en coalición con el PSOE, como las de Llobregat o Casas Viejas, provocaron un descrédito constante que supuso la ruptura de la coalición de gobierno y la convocatoria de elecciones en 1933, ganadas por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), liderada por el abogado José María Gil Robles.
Tras la derrota electoral, el PSOE en colaboración con otros sectores de izquierdas, como la CNT y el PCE, preparó la Revolución de Octubre de 1934, un duro golpe contra la República que supuso un punto de inflexión para el régimen: el mayor partido de quienes instauraron el régimen republicano se sublevó contra la misma legalidad que había aprobado, lo que suponía tanto como considerar que la República sólo existía en el papel y dependía de la tutela de los socialistas.
De hecho, tras las elecciones de febrero de 1936, en las que ganó el Frente Popular, coalición que integraban los mismos partidos que habían dado el golpe de estado de 1934, la acrecentación de la violencia política en toda España hizo suponer a un sector de los militares y a los políticos de derecha que, desde el poder, intentarían repetir lo mismo que dos años atrás. El asesinato de José Calvo Sotelo, líder de Renovación Española y en la práctica jefe de la oposición parlamentaria, supuso el detonante de la sublevación del 18 de julio de 1936 que dio origen a la Guerra Civil Española. El derrumbe de la legalidad republicana se produciría pocos días después, al entregar el gobierno armas a los sindicatos y generarse un estado de desgobierno que sólo se reconduciría en septiembre, con un gobierno liderado por Francisco Largo Caballero y con miembros anarquistas y comunistas, que sólo nominalmente podía asemejarse a la República instaurada el 14 de Abril de 1931.
| E1 12 de julio, pistoleros falangistas asesinaron en Madrid al teniente de la Guardia de Asalto, José Castillo, conocido por su filiación socialista. Sus compañeros respondieron secuestrando y dando muerte al día siguiente a Calvo Sotelo. El país quedó sobrecogido por el doble crimen que serviría de prólogo -y para algunos, de justificación- al golpe militar. Cuando el día 17, la guarnición de Melilla prendió la mecha de la rebelión, se abrió un nuevo capítulo en la historia española. La República no desapareció, pese a que los sublevados fueron eliminando su base territorial durante tres años. El Frente Popular mantuvo incluso una ficción de funcionamiento normal de las instituciones, y el Gobierno no declaró el estado de guerra hasta enero de 1939, cuando ya todo estaba perdido. Pero la República de abril, y con ella la España posible que alentaban los reformadores republicanos, había desaparecido en los cálidos días del verano de 1936 (Julio Gil Pecharromán, La Segunda República. Historia 16, Madrid 1997, página 193.) |
Presidentes de la II República
| Presidentes de la II República | Desde | Hasta |
|---|---|---|
| Niceto Alcalá Zamora | 1931 | 1936 |
| Manuel Azaña Díaz | 1936 | - |
